martes, agosto 20

LA CALLE DIECIOCHO: RECORRIDO POR UN BARRIO HISTÓRICO


TAN IMPORTANTE ERA LA CALLE DEL DIEZ Y OCHO DURANTE EL SIGLO XIX QUE SUS PRIMERAS CUADRAS ESTABAN PAVIMENTADAS CON MADERA PARA EVITAR EL RUIDO DE LOS CARRUAJES. ES QUE LOS VECINOS NO QUERÍAN PERTURBAR ESE RUMOR ARISTOCRÁTICO QUE TAN FAMOSA LA HIZO CUANDO ERA EL EPICENTRO SOCIAL DE SANTIAGO, DONDE LAS RECEPCIONES, BAILES Y BANQUETES COMPETÍAN EN LUJO CON EL TRANSITAR DIARIO DE LOS CIENTOS DE COCHES QUE SE DIRIGÍAN AL ELEGANTE PARQUE COUSIÑO, EN UN ETERNO DESFILE QUE ALCANZABA SU MÁXIMO COLORIDO DURANTE LAS FIESTAS PATRIAS.
MUY POCO QUEDA HOY DE ESA SUNTUOSIDAD PASADA, LOS TERREMOTOS E INCENDIOS, SUMADO A LAS DEMOLICIONES Y EL ABANDONO, GENERÓ UNA PAULATINA DECADENCIA DE TODO EL SECTOR.   SIN EMBARGO, BASTA NADA MÁS CON RECORRER UNAS POCAS CUADRAS PARA APRECIAR AUN PEQUEÑOS VESTIGIOS DE ESE REFINADO AMBIENTE EN EL QUE VIVÍA LA BUENA SOCIEDAD DEL FIN DEL MUNDO DURANTE EL SIGLO XIX. 
RECORRAMOS ENTONCES ESTE BULEVAR Y DESCUBRAMOS JUNTOS SU HISTORIA... 


¡Pero qué han hecho con esta calle!, exclamamos hace algunas semanas cuando recorrimos el más conocido de los antiguos bulevares santiaguinos. Es que muy poco queda de esa época suntuosa, donde los desfiles, paseos, recepciones y grandes bailes tenían especial protagonismo entre los añosos adoquines de madera que pavimentaba sus primeras cuadras. El terremoto pasado hizo muchos estragos, pero peor aun es ver la destrucción sistemática del barrio a manos del plano regulador de las décadas pasadas, que sepultó para siempre ese aspecto de discreta elegancia que tenía la calle del Dieciocho.
Es difícil comprender hoy la importancia de esta calle, sobre todo si al recorrer sus aceras vemos una concentración de edificios lujosos sólo en la primera cuadra o en la aparición del palacete Cousiño, y el resto de la vía mostraba inmuebles de apariencia sencilla, muy republicanos, pero que no son diferentes a los que se encuentran en otras tantas avenidas, al menos estilísticamente.
Nuestros desdeñosos pensamientos fueron completamente silenciados  cuando tuvimos la oportunidad de entrar a una de esas tantas sencillas fachadas. Enorme fue nuestra sorpresa al ver un derroche excepcional de mármoles, columnas, vitrales, tallas en madera, boiseries y otros tantos elementos ornamentales, que nos hicieron comprender que Dieciocho recogía en el interior de sus inmuebles, todo el lujo que se había negado mostrar en esas discretas portadas. Ahí es donde recae entonces la fama de esta arteria, la misma que maravilló a las generaciones pasadas, cultivando en el interior de estos edificios una especial atracción por las bondades del arte y la belleza de las formas. Entrar a una casa en la calle Dieciocho, era sumergirse entre la magnificencia que entregaban los materiales de la más alta calidad, y el confortable lujo que otorgaba el rico mobiliario traído de los mejores comercios Europeos.

No debemos olvidar que el barrio nació bajo el alero de una sociedad progresista, con personajes mucho más apegados a los ideales románticos de libertad que veían en la modernización de las costumbres y en la riqueza, una forma de avivar las naciones para alcanzar el tan ansiado progreso.  
Sección del mapa de Santiago de Genaro Barbosa, 1908, donde se aprecia la calle del Dieciocho (en rojo) y su cercanía con el antiguo Parque Cousiño, hoy O'higgins. Colección Mapoteca de la Biblioteca Nacional de Chile.
Dos factores son determinantes para la conformación del sector: por un lado, la canalización del río Mapocho permitió controlar las crecidas en invierno que inundaban todo el sector sur de la Cañada, generando entonces un creciente interés por las fértiles chacras. Otro factor es la adquisición en 1843 por el gobierno durante la presidencia de Manuel Montt, de la Pampilla y el Campo de Marte, un extenso terreno destinado para celebrar el desfile patrio del ejército en conmemoración de la Independencia y que se convirtió en un paseo obligado para todos los santiaguinos.
Imbuido en los ideales urbanos parisinos, Luis Cousiño propone al gobierno financiar la construcción de un parque junto al campo de Marte, siempre y cuando se le permitiera diseñarlo con plena libertad. Las obras comenzaron en 1869, contratándose al paisajista Guillermo Renner; en el intertanto, se comienzan a abrir dos nuevas arterias para conducir al parque, la calle Ejército para acoger la ida de las tropas hacia el campo de Marte, y la calle Dieciocho, que se destinaría para el desfile de carros y tropas en dirección al Palacio de la Moneda.

La calle pasaría sobre el conocido Callejón de Ugarte, un fundo propiedad de la sucesión de Francisco Ossa, que había sido adquirido en 1855 al Presbítero Bartolomé Ugarte quien lo vendió para financiar parte del nuevo colegio jesuita del sector.  Colindaban también los fundos de José Eusebio Sepúlveda, Mercedes Díaz, Felipe Avendaño, Francisco Puelma y Antonio Millán, cuyas sucesiones optaron entonces, gracias a la apertura de la calle, por lotear sus chacras dando origen al Barrio Dieciocho, declarado Zona Típica en 1983, teniendo como límites la Alameda por el norte, la calle San Ignacio por el oriente, la Carretera Panamericana al poniente y calle Santa Isabel al sur.
Laguna del parque Cousiño
Los inicios del barrio son sencillos, las casas de fachada continua aun no difieren mucho de sus pares en otras cuadras, es una época donde el aspecto campestre domina la calle y las abuelas de familia tienen aun la costumbre de sentarse frente a sus zaguanes en una silla, tomar mate y mirar a los pocos transeúntes que se animan a recorrer el sur de la cañada. Destacaba entre esos inmuebles la casa del ministro Manuel Camilo Vial, construida a la chilena en robusto adobe,  de tres patios y con cubierta de tejas; la que más tarde sería traspasada a las Hermanas de la Caridad, fundándose un conocido orfanato. La presencia de este personaje animó tímidamente  a otros a establecerse en la calle, hasta que la apertura del Parque Cousiño en 1873 catapultó a Dieciocho como la arteria más cotizada por los santiaguinos. 
Sin duda alguna la presencia de notables personajes de la política e industria contribuyó a dar un ambiente de exclusividad al sector, que se reflejó en algunos de los más representativos edificios de nuestra ciudad. Una de las construcciones pioneras en el barrio fue el palacio de Eugenio Ossa y Ossa, encomendado al arquitecto francés Paul Lathoud, el mismo que paralelamente levantaba al final de la calle Dieciocho la residencia de la familia Cousiño Goyenechea. La silueta neoclásica del palacio Ossa –ubicado en la esquina de Alameda con Dieciocho- contrastó notablemente por algunos años con el aspecto sencillo de la chacra de la familia Iñiguez, conocida como “el patio de las carretas” que se mantuvo intacta hasta 1908, cuando se levanta sobre ella el recientemente siniestrado palacio Iñiguez y otros inmuebles en la manzana entre Alameda, San Ignacio y Alonso de Ovalle.  Más información en:http://brugmannrestauradores.blogspot.com/2013/04/incendio-en-el-palacio-iniguez.html
El parque Cousiño - hoy O'Higgins- fue diseñado por Renner, quien impregnó una llamativa propuesta a la inglesa, donde la abundante forestación y la laguna central, permitieran dar una sensación de relajo y elegancia, cualidades que fueron altamente apreciadas por los santiaguinos durante el siglo XIX. Hoy el parque sufre una triste decadencia.
La construcción en la década de 1870 de dos nuevos edificios religiosos otorga al barrio la consolidación necesaria para sus habitantes. En Alameda,  muy cerca de la mansión Ossa, levantan su iglesia gótica los padres Vicentinos, y algunas cuadras más al sur oriente, en lo que había sido parte del antiguo callejón de Ugarte, el arquitecto italiano Eusebio Chelli erige el colegio e Iglesia de San Ignacio de los padres jesuitas, la que se convertirá en la favorita de las devotas del barrio. Es este arquitecto el mismo que construirá en 1872 un palacio en la Alameda de las Delicias para el industrial Maximiano Errázuriz Valdivieso, uno de los hombres más ricos de todo el país.  Colindaban a ésta, las mansiones de los hermanos Rafael y Álvaro Casanova Zenteno, el primero importante político y el segundo, uno de los más destacados artistas decimonónicos. Estos inmuebles desaparecieron con la construcción de la carretera panamericana.
El desarrollo del barrio por la Alameda hacia el oriente será más tardío y coincidirá con una época constructiva mucho más pretenciosa e imponente.  Mientras tanto la calle Dieciocho se engalanaba con algunos edificios lujosísimos, como el desaparecido palacio Echaurren Herboso o la mansión de la familia Morandé Campino u otros mucho más funcionales, como la antigua Escuela Militar que exhibía orgullosa sus mansardas y columnas prusianas, dando un justo término a la calle.
Alameda esquina Dieciocho a inicios de 1880. La estampa francesa que quería imprimir la sociedad a nuestra capital, debió convivir en sus primeros años con contrastes poco amables, que fueron desapareciendo a medida que el siglo XX hizo su entrada. Fotografía colección Museo histórico Nacional. 
A fines del siglo XIX la excepcional situación de la Rue del Dieziocho -como era llamada- no tenía comparación en la capital, era un bulevar a la francesa, con adoquines de madera, iluminada con modernos faroles a gas y animada con la belleza de cientos de carruajes, que a diario se cruzaban en dirección al parque Cousiño.  “Por aquel tiempo la calle del Dieciocho era de mucha categoría; familias muy importantes y adineradas habían construido allí sus residencias y alcanzamos a conocerla con aquel pavimento de madera que contrastaba con el de las otras rúas con piedras de huevillos que tan tremendo ruido producían al contacto de las llantas de acero de las ruedas de los carruajes. Desde que se entraba a la calle del Dieciocho sólo se sentía como un rumor aristocrático, elegante…”, comentará Eduardo Balmaceda Valdés, quien nació en el barrio.
Este mismo cronista relatará más tarde uno de los sucesos más conflictivos que vivió el barrio, cuando al estallar la Revolución de 1891, diversas propiedades fueron víctima de saqueos y destrucción. Casi 15 años después la calle viviría nuevamente el miedo, cuando durante el Mitin de la Carne, las turbas enardecidas por el descontento de la mala administración del gobierno de Riesco, comienzan a saquear, destruir e incendiar el centro de Santiago, salvándose la calle gracias al despliegue de algunos vecinos que montaron una verdadera milicia para enfrentar a los manifestantes.
Si bien los conflictos no pudieron destruir la orgullosa calle del Dieciocho, la crisis de 1929 y el posterior éxodo de las familias, terminaron por sepultar las viejas mansiones en el olvido, destruyéndose muchas de ellas en ese afán inmobiliario tan malentendido por la modernidad a la chilena. La declaratoria de Zona Típica en 1983 no pudo evitar eso sí, terremotos e incendios, que sumados  a los daños de la picota y otros desaciertos urbanos, hirieron profundamente la fisonomía de este particular barrio de Santiago.

UN RECORRIDO HISTÓRICO

Muchos nos han sugerido realizar recorridos históricos por Santiago, qué mejor entonces que partir por el Barrio Dieciocho. Sabemos que no es algo fácil, pues debemos encomendarnos la tarea de retratar lo mejor posible la imagen de personajes que ya no están, inmuebles desaparecidos y otros tantas construcciones que se nos presentan derruidas, pero que aún conservan ese sabor anecdótico que hará de este tour que les entregamos, una buena oportunidad para visitar con la familia o los amigos. La arquitectura ecléctica presente en todas las cuadras, nos ofrece la posibilidad de ver edificios interesantes, llenos de simbolismo, detalles lujosos y exuberante ornamentación; que hacen de estos inmuebles, una invaluable demostración de riqueza artística dentro de nuestra capital.  
Comencemos desde la Alameda, entre calles San Ignacio y Dieciocho, donde podremos apreciar un conjunto de gran valor:
En la esquina de San Ignacio con Alameda, se encuentra la mansión de Silvestre Ochagavía, quien fundó la viña homónima en 1854 y modernizó la producción vitivinícola, importando cepas francesas para producir un vino de mejor calidad. El edificio fue encomendado al arquitecto Eugenio Joannon en 1905, contemplando parte de la planta baja para el comercio y servicios; y los altos a residencia. El remate de la esquina está coronado por un decorado frontón, con un jarrón que antiguamente era custodiado por dos esculturas antropomorfas, de las que hoy sólo existe una pierna. Fieros leones, medallones, jarrones y guirnaldas florales son parte de la ornamentación que subsiste en este inmueble, en donde hoy funcionan dependencias del Circulo Español.
El palacio de don Silvestre Ochagavía en el año 2007. Fotografía de los autores. El mismo edificio en la década de 1920, con toda su ornamentación intacta. En Álbum de los arquitectos de la Universidad Católica, 1923-1924. Imprenta la Ilustración
Detalles ornamentales del palacio Ochagavía, 2013. Fotografía de los autores.

Esa misma institución hoy es propietaria de la casa vecina, el conocido palacio Yrarrázaval, encomendado al arquitecto Alberto Cruz Montt en 1906 por el Marqués de la Pica, don Fernando Yrarrázaval Mackenna y su mujer Mercedes Fernández, quienes habían impulsado también la creación del balneario de Papudo. Más información: http://www.brugmannrestauradores.blogspot.com/2012/03/el-veraneo-en-la-playa-auge-y-caida-de.html
La mansión, de excepcionales dimensiones, presenta en su exterior un cuidado manejo del estilo neoclásico francés. Al oriente destaca el pabellón de acceso, con su alta mansarda que evoca el segundo imperio francés, y esa monumental reja de fierro, decorada con motivos vegetales, que es resguardada por dos figuras de leones con faroles de bronce. En el interior un gran hall de doble altura iluminado por una claraboya con vitrales, distribuye los salones, que aun conservan los detalles ornamentales originales, como telas en los muros, plafonds pintados, boisseries, parquet, chimeneas y mármoles. La casa, jardines y cocheras fueron adquiridos por el Círculo Español,  institución que ha hecho del inmueble centro de colectividad.
Palacio Yrarrázaval, Alameda nº 1550

Vecino es el palacio Iñiguez, tristemente hoy famoso por el repentino incendio que consumió su techumbre. La ecléctica fachada, que incorpora elementos del art nouveau y la corte de los Luises, fue encomendado por Eduardo Iñiguez Tagle en 1908 a los arquitectos Alberto Cruz Montt y Ricardo Larraín Bravo. Los profesionales dispusieron una planta baja para comercio, mientras que dividieron los altos en cuatro viviendas, siendo la más grande e importante, la que enfrenta la esquina. La ornamentación del palacio es riquísima en detalles: una balaustrada recorre todo el segundo piso, dando paso a ventanas con pilastras muy decoradas, que sostienen finos balconajes en “bombé”, cuyos entramados hierros recuerdan la estrambótica era del reinado de los Luises. Guirnaldas, rosetones y rostros son parte de la decoración de la cornisa, que se extiende hasta el remate de la esquina, donde se alzaba la cúpula que está protegida aun –a pesar de la destrucción- por dos excelentes esculturas de corte romántico. El rico interior, que se salvó del incendio, aun conserva el hall de distribución de doble altura, con finos salones de cielos artesonados, estucos, cenefas, chimeneas de mármol y medallones con pinturas murales.
En los bajos del edificio se instaló el popular café Torres, cuna del conocido Barros Luco, ese sándwich de carne y queso fundido, bautizado en honor al Presidente Ramón Barros Luco, asiduo visitante. En este lugar se daban cita intelectuales, políticos, artistas y personajes de sociedad, como Joaquín Edwards,  Arturo Alessandri o Perico Vergara, el amigo del príncipe de Inglaterra, que realizaba safaris en África y derrochó su fortuna en la buena vida, y murió pobre en una residencial en la misma calle. En la Confitería Torres se ofreció además, durante los festejos de 1910, un vermouth en honor al cuerpo diplomático extranjero. Hoy aun es posible visitarlo para disfrutar de un buen café mientras se revive la silueta del siglo pasado.
Funcionó también en los bajos del palacio Iñiguez, el viejo Emporio Inglés y el concurrido Teatro Dieciocho, favorito de los jóvenes a inicios del siglo XX. Más información en: http://brugmannrestauradores.blogspot.com/2013/04/incendio-en-el-palacio-iniguez.html
Ricos detalles decorativos presentes en el palacio Yrarrázaval, que incluyen yesería de excelente calidad, herrería finamente trabajada y un par de llamativos faroles de bronce. Fotografía de los autores, 2013.
Hall y salón rojo del palacio Yrarrázaval. En: Rodríguez Cano, A. Et al. La Belle Epoque de Santiago Sur Poniente, ARC editores, 2007. Fotografía: Marcos Mendizábal. - Salón Rojo en la década de 1940, Archivo Brügmann.
Incendio del palacio Iñiguez. Fotografía: Diario La Tercera
Si cruzamos hacia el poniente, ya no veremos la casa de Eugenio Ossa, que perteneció más tarde a Rafael Errázuriz Urmeneta y cuya colección valiosa de pintura, fue destruida durante el Mitín de la Carne en 1905. En Alameda n°1642 se encuentra el fabuloso palacio Ariztía, inmueble construido por el arquitecto Alberto Cruz Montt en 1917 como residencia para don Rafael Ariztía, el creador también del primer rascacielos de Santiago, ubicado en la intersección de calles Nueva York y La Bolsa. El edificio de clara inspiración neoclásica francesa, posee atractivos elementos decorativos, entre ellos la hermosa reja de acceso, de fierro y bronce, protegida por una artística marquesina. Dos medallones dorados tienen la figura del león con un hueso en la boca, antiguo simbolismo que evoca las cualidades de protección de ese felino de las lejanas tierras africanas.  
Portón de ingreso al palacio Ariztía, 2013
El interior sorprende por la calidad de los espacios, detalles ornamentales, materiales y adelantos, como un ascensor enmaderado y sala de teléfono. El hall es protegido por doce columnas con base ónix e iluminado por una claraboya cuadrada con vitrales, y cuatro lucarnas. El edificio era utilizado como sede del Tribunal Constitucional, hoy se encuentra vacío.
Inmediatamente podemos ver las amplias terrazas del palacio Errázuriz, de sobrio estilo neoclásico italiano, catalogado en su época como la vivienda más elegante de nuestra capital. Un pabellón central de dos niveles, decorado con pilastras jónicas y dóricas, protegen los amplios ventanales, que se pierden al aparecer dos pabellones de un nivel, que se adelantan formando una extensa terraza desde donde sus huéspedes pudieron apreciar los descollantes desfiles de las fiestas del Centenario en 1910. El pabellón oriental se abre hacia un patio de honor, evocativo de las villas romanas del renacimiento, cuya curvatura permite apreciar el acceso principal del inmueble, con loggia y grandes balcones de balaustradas. El interior no es menos deslumbrante, el hall tiene un pavimento de mármol blanco, en cuyo centro hay una estrella formada por cientos de mármoles de colores. El salón central conserva las molduras originales, y un plafond pintado por el francés Ch. Voillemot. El parque de tendencia inglesa, resguarda viejas esculturas y fue mutilado durante la construcción de la Panamericana, perdiéndose la laguna y un pabellón de descanso, donde la familia disfrutaba de la tranquilidad de ese viejo Santiago. 
La Alameda de las delicias hacia el oriente. A la derecha el palacio Errázuriz, las cúpulas del palacio Ariztía, la Iglesia de San Vicente de Paul y la cúpula del palacio Iñiguez. 
León de bronce en la herrería del acceso al palacio Ariztía.- Figuras románticas en uno de los frontones del palacio Ariztía, uno de los elementos más llamativos del inmueble. Fotografía de los autores, 2013.
Dos pequeñas figuras de esencia grecolatina recibe al visitante en un pequeño recibidor revestido en mármol; el pavimento tiene inscrita la palabra SALVE, evocación de las antiguas vilas patricias de Roma- Los salones entelados y decorados con finos estucos del palacio hoy se encuentran en el más absoluto abandono. Fotografía de los autores, 2009.
El palacio Errázuriz sorprende por su simetría, organizando sus espacios desde un hall central cuadrado similar a las villas de Palladio, que reafirma la esencia neoclásica italiana que imprimió el arquitecto Chelli. En las fotografías: el acceso al patio de honor, el corredor que conduce a la terraza y el salón central en la actualidad y en época de la familia Cruz Montt, segundos propietarios del inmueble.
Caminemos ahora hacia la calle Dieciocho, al poniente se suceden toscos edificios comerciales contemporáneos que rompieron totalmente la trama urbana del sector. Al oriente, se extiende el palacete Iñiguez, vecino a un edificio de renta estilo  neoclásico, muy simple; y en la esquina se alza imponente un inmueble del más puro estilo neogótico, que representa fielmente ese impresionante eclecticismo arquitectónico de principios de siglo XX. Las altas techumbres, agujas y un macabro atlante que sostiene parte de la estructura, es parte de la decoración del edificio construido por  el arquitecto Alberto Cruz Montt para su hermano Carlos, conocido mueblista quien instaló en los bajos su mueblería y taller. El deterioro del edificio fue frenado con una fuerte remodelación que recicló su interior tras un incendio, mientras que la fachada fue pintada de un triste color amarillo y rojo… cuándo aprenderá este país que algunos edificios se lavan, no se pintan…!.
Casa de Francisco Valdés Vergara, Archivo Brügmann
Por Alonso de Ovalle hacia San Ignacio, el arquitecto Ricardo Larraín construye una serie de inmuebles de renta con esencia neogótica, donde las ojivas, techumbres altas, heráldicas, elementos de fierro forjado y pináculos tienen especial figuración. El conjunto culmina con una llamativa mansión de tres niveles, también neogótica que perteneció a Francisco Valdés Vergara, conocido periodista, escritor y parlamentario, cuyas ideas poco ortodoxas le causó más de un inconveniente con el clero chileno. Su ateísmo acérrimo terminó tras la muerte de su querida hija Ema, convirtiéndose desde entonces en un devoto cristiano, que vivió al servicio del país y colaborando con los más necesitados.
La Iglesia de San Ignacio fue iniciada en 1867, extendiéndose los trabajos hasta el 1900, cuando se terminan las torres y ornamentaciones interiores de tendencia neobarroca. En su interior se pueden apreciar las reliquias de San Mario, pinturas italianas de Pietro Galiardi y una cripta con restos de 40 víctimas de la Iglesia de la Compañía, edificio incendiado en 1863 con 2000 personas en su interior.
Si caminamos nuevamente hacia Dieciocho, podremos ver la blanca fachada de las casas de la familia Eguiguren. El conjunto tiene tres grandes viviendas, siendo la principal la que ocupa toda la esquina de Dieciocho y Alonso de Ovalle. Construida en 1918 por el arquitecto Cruz Montt para Luis Eguiguren Valero en un refinado estilo neoclásico francés, la mansión fue dotada de los más elegantes adelantos, como un moderno ascensor y una sala de teatro en la planta baja, donde la familia ofrecía a sus amigos veladas amenizadas con obras dramáticas y musicales. A la planta noble, ubicada en el segundo nivel, se accede a través de una escalera de mármol con barandas custodiadas por dragones; desembocando en un hall de doble altura, distribuyendo los salones más importantes, capilla, comedor y escritorio en ese nivel, y destinando el tercer piso para los dormitorios. El inmueble fue remodelado por el Duoc UC, que recicló el interior para cumplir su nueva función educativa, pero conservando el aspecto neoclásico original de los espacios.


La Mueblería Cruz Montt en la década de 1920. Archivo Brügmann.- El inmueble revestido en ladrillo y concreto, con altas techumbres y figuras antropomorfas, perdió su peculiar prestancia cuando sufrió su remodelación para convertirse en sede del Duoc UC.
El neogótico y Tudor, fueron los estilos elegidos por los arquitectos Ricardo Larraín y Alberto Cruz Montt, para construir una serie de edificios en la calle Alonso de Ovalle, que contrastan fuertemente con la sencillez neoclásica de sus vecinos y la iglesia de San Ignacio.
El palacio Eguiguren en la esquina de Dieciocho y Alonso de Ovalle fue uno de los edificios más suntuosos del barrio. El hall de doble altura conserva aun la lámpara francesa de madera que perteneció a la etapa residencial del inmueble, como puede comprobarse en la tercera fotografía.
Vecino a los Eguiguren era el político conservador Abdón Cifuentes, quien en 1903 encarga a su hijo el arquitecto Manuel Cifuentes la construcción de su nueva residencia. La fachada de dos niveles y mansarda, de estilo neoclásico, evidencia un lujo decorativo en los pavimentos exteriores, rejas, puertas y  balaustradas. La casa principal se ubicaba en el primer nivel, y se distribuye interiormente a través de un impresionante hall de grandes proporciones, iluminado por tres claraboyas circulares. Aun se conserva la biblioteca del señor Cifuentes, con chimenea de madera y muebles empotrados al muro; la mansión tenía las cocheras hacia calle San ignacio, al que se accedía por un pequeña calle de servicio, hoy inexistente. En los pisos superiores, se distribuyen dos casas de renta. Hoy pertenece al Liceo Abdón Cifuentes.
Casa Cifuentes. Foto: Marcos Mendizábal
Frente a esta casa podemos ver una residencia de un piso, con frontones y pilastras neoclásicas muy decoradas, que se asemejan al estilo del vecino palacio Astoreca en el número 121. Éste fue encargado al arquitecto Alberto Cruz Montt en 1910, y rompe la trama de la calle incorporando un jardín delimitado por rejas donde campean aun las iniciales de su propietario original, Matías Astoreca Granja. La vivienda con falsa techumbre tiene acceso a través de un pórtico donde el visitante es recibido por una escalinata de mármol que desemboca en un hall iluminado por una claraboya circular; en el interior aun se conservan salones completamente enmaderados, con artesonado y chimeneas de mármol. La casa pretendía ser una de las más lujosas del barrio, los Astoreca eran una familia muy conocida por su riqueza basada en sus bastas minas salitreras, y para alhajar el palacio se encargó un espectacular mobiliario a Paris, que llegó al puerto de Valparaíso pero que nunca pudo ser rescatado por sus dueños, pues el dinero comenzó a escasear en las finanzas del señor Astoreca por la crisis del salitre, debiendo poner en venta la propiedad algunos años más tarde. Los siguientes dueños fueron la rica familia Braun de Punta Arenas, quienes amantes de la naturaleza, montaron una enorme pajarera en el patio posterior que se mantuvo hasta que el edificio es adquirido por el Colegio de Contadores, que hace algunas remodelaciones al inmueble para en pos de su nuevo uso.
El neoclásico francés es el estilo que predomina en la segunda cuadra de la calle Dieciocho, donde medallones, guirnaldas con motivos florales, rejas de fierro, altas cornisas y balaustradas son los elementos distintivos de los diversos inmuebles. Fotografía de los autores, 2013.
El palacio Astoreca conserva su hermosa fachada neoclásica. Fotografía de los autores, 2013. - Palacio Astoreca en la década de 1920, cuando pertenecía al consulado de Estados Unidos. Revista Sucesos.  Archivo Brügmann.
El interor del palacio deslumbra por la calidad de sus detalles ornamentales, que incorporan escalinatas de mármol, balaustradas, vitrales, herrería con detalles en bronce y columnas. Fotografía de los autores, 2010.
Princesa Irene de Hessen
Junto a este edificio, se encuentra una fachada muy deteriorada, apuntalada en sus esquinas, que guarda especial similitud con otra vivienda ubicada en la esquina de Padre Felipe Gómez de Vidaurre. Era esta casa de la familia Morandé Campino, conocida por ser una de las más suntuosas de Santiago, y que fue pedida por el gobierno para alojar al Príncipe Heinrich de Prusia y su mujer la Princesa Irene de Hessen, nieta de la Reina Victoria y prima de la desdichada última zarina. Se cuenta que para la cama de la princesa el señor Morandé pidió prestado a doña Olga Lyon de Cousiño una riquísima colcha de encajes ingleses, comprada en una exposición de artes y manufacturas en Paris.
Mucho más famosa fue esta casa por el baile que se dio en 1913, donde debutarían las más célebres bellezas de la época y que pudo no haberse realizado, pues la noche anterior el río Mapocho se desbordó inundando la Alameda y la calle Dieciocho, incluido el jardín del señor Morandé. Si quieres sabes más de esta fiesta, visita: http://brugmannrestauradores.blogspot.com/2011/08/un-baile-el-evento-social-que-siempre.html
La casa aunque transformada en centro educativo, conserva la galería de pavimento marmóreo que tan famosa la hizo, las arquerías clásicas, salones con parquet de gran diseño, chimeneas, y una espectacular sala iluminada por una claraboya con coloridos vitrales.
Frente a la casa Morandé existió hasta hace algunas décadas una peculiar mansión entre gótica y neoclásica que fue mandada a construir por Francisco Huneeus Gana, importante ingeniero y político, padre de la escritora Marcela Paz (Ester Huneeus), autora de Papelucho. "Papá ha resuelto mudarse a una casa moderna, en calle Dieciocho esquina de Vidaurre y encarga su ejecución a Cruz Montt... era grande tenía tres pisos, jardín, cocheras, patio, escaleras y hasta un montaplatos... En el jardín hay rosas, será la primera impresión del visitante cuando, tras ascender las gradas de mármol de la entrada, divise al fondo de ese enorme hall, un poco oscuro y misterioso, la luminosa alegría de esas flores empinadas en sus bastoncitos blancos...", Cruzat,V. Marcela Paz: un mundo incógnito. Editorial Universitaria, 1993. Página 26. 
La sencilla fachada de la mansión Morandé Campino no evidencia el lujo de su decoración interior. Una estrella de mármol recibe al visitante, para deslumbrar con sus salones artesonados, con paneles de madera, columnas y cubierta avitraldas. Fotografías de los autores, 2013. - Antiguo salón de música de la familia Morandé. Revista Familia, Archivo Brügmann.
En la esquina opuesta está la casa de Manuel Camilo Vial, de la que hablamos anteriormente; su traspaso a las Hermanas de la Caridad en 1855 la convirtió en un famoso Orfanato de niñas, en cuyo centro se erigió en 1902 a cargo del arquitecto Eugenio Joannon, una capilla de estilo gótico con coloridos vitrales fabricados en Lyon, donde hoy funciona un teatro. Pertenece actualmente a la UTEM.
En Dieciocho 164, se encuentra la mansión de Luis Besa, construida en 1909 y remodelada por el arquitecto Cruz Montt en un estilo que mezcla el neoclásico con la impronta virreinal de las antiguas casas de Lima, y sus característicos balcones de madera cerrados. Funcionó por muchos años la Biblioteca Luis Montt; actualmente está convertida en un centro evangélico. Imperdible es la reja de acceso del edificio de en frente, decorada con dos cabezas de leones de bronce y motivos vegetales, muy similares a la del palacio Ariztía. 
Capilla de la Caridad, Fotografía UTEM.cl
Las calles aledañas presentan construcciones igual de interesantes que merecen una fotografía, hay algunos de estilo neocolonial, barroco o italiano, que aun resguardan ese sabor residencial que fue torpemente destruido cuando el barrio fue mutilado con la construcción de la carretera Panamericana. 
Muy cerca en el número 190, se encuentra la casa que perteneció a la familia Cruzat, remodelada por el arquitecto Josué Smith Solar, incorporando en sus tres niveles, balcones, arquerías, gárgolas, rosetones y pináculos de inspiración gótica. Vecina era la casa de la familia de Ramón Balmaceda, quienes sufrieron los embates del saqueo y la destrucción durante la revolución de 1891. Afortunadamente la generosidad de doña Mercedes Martínez, esposa de don Carlos Walker,  uno de los líderes de la revolución, permitió ocultar a la familia Balmaceda en su patio a pesar del peligro, quienes desde la ventana observaron la destrucción de su hogar en manos de los revolucionarios.
En la misma esquina, pero al sur, la sobria silueta neoclásica del Club de Carabineros resguarda un interior deslumbrante. El foyer de ingreso tiene pavimento de mármol y una escalera de fierro y bronce, reflejada en grandes espejos. Los salones están finamente decorados, con paneles de madera, otros con artesonado y pinturas con escenas románticos en los cielos.
Casa que perteneció a Francisco Huneeus en Dieciocho esquina Vidaurre.- Detalles de la mansión de Luis Besa, en estilo neocolonial. Fotografía de los autores, 2013.
Detalles ornamentales de estilo neogótico que incorporó el arquitecto Josué Smith Solar a la mansión de la familia Cruzat. - Parte de la herrería y león de bronce, en el número 179. Fotografía de los autores, 2013.
Siguiendo hacia el sur podemos observar algunas construcciones que evidencian diferentes etapas constructivas en el barrio. Por un lado tenemos interesantes edificios de departamentos de los años 30; que contrastan con una residencia de un nivel, de apariencia sencilla, pero que merece ser mirada con mayor detención: dos pilastras enmarcan la entrada principal, que es coronada por un frontón triangular y una baranda de madera, muy similar a las que se utilizaron a fines del siglo XIX, lo que podría dar luces de la data del inmueble. Los estucos nada pretenciosos son de muy buena calidad, y hay que ver las artísticas herrerías de las ventanas, que incluyen bronce y una base de mármol blanco.
En los números 256 y 264, se pueden ver dos edificios de renta muy típicos de la fisonomía santiaguina. El primero es de un eclecticismo muy pretencioso, con algunos guiños del segundo imperio pero también del art nouveau que se refleja en una serie de guirnaldas de flores que decoran libremente cornisas, frontones y balaustres; la casa incorpora además un monograma familiar, con las letras L y M. El segundo edificio tiene gruesas pilastras y un sobrio frontón de madera, pesados elementos que se contrarrestan al incorporar puertas mucho más ornamentadas, balaustres y lucarnas de artístico diseño. 
El edificio del Club de Carabineros en el número 208, perteneció en sus orígenes a Horacio Calvo- La arquitectura de las casas vecinas evidencia la lujosa calidad constructiva de estos aparentemente sencillos inmuebles: incorporan gradas y revestimientos de mármol blanco, maderas para cornisas y barandas, herrería, bronces para pasamanos, lucarnas y decorativos estucos. Fotografia de los autores, 2013.
La cuadra termina con uno de los inmuebles más característicos del barrio, en el número 286, construido por el arquitecto Santiago Cruz Guzmán, cuyo remate en la esquina de calle Eleuterio Ramírez está coronado por una gran cúpula. Si se tiene suerte, podemos ver en el interior algunos pequeños negocios de barrio, donde a pesar del deterioro, se pueden apreciar los cielos decorados, baldosas, parquets y algunos elementos decorativos en puertas o ventanas interiores. 
La pequeña casa con el número 277 nos entrega curiosas figuras de corte medieval, grotescos rostros, puertas talladas ornamentada con herrerías, gradas de mármol y almenas, son parte de la ornamentación.- Por su parte, la casa n°286 es mucho más tradicional, incorporando pesados frontones, pilastras y medallones en una sobria fachada, cuyo remate coronado por una cúpula de metal, es uno de los mayores atractivos del barrio. Fotografía de los autores, 2013.
El eclecticismo invade la calle a medida que nos dirigimos al sur, fachadas de tendencia neoclásica incorporan en sus techumbres tejas de corte italiano o normando, capiteles y pilastras de granito verde, frontones y los primeros coqueteos con el art deco, que entrara fuertemente en nuestro país en la década de 1930. Fotografía de los autores, 2013.
El inmueble choca fuertemente con el desacierto urbano más nefasto del barrio, el Instituto Geográfico Militar, que rompe la trama urbana y sepultó un conjunto de edificios neobarrocos proyectados en la primera década del siglo XX por Esteban Orlando Harrington, importante arquitecto, quien es autor de notables exponentes en Valparaíso y Playa Ancha. El mismo arquitecto construyó en 1911 para la sucesión Cousiño un edificio de renta en estilo barroco, que hoy se encuentra en proceso de remodelación para convertirlo en lofts, después de años de abandono.
Edificio de Dieciocho 420, que tras años de abandono, fue convertido en lofts. Fotografía de los autores, 2013.
En el número 438 aparece la inconfundible silueta del palacio de la familia Cousiño, cuyas rejas y pabellones dan un sobrio respiro a la calle, con sus pilastras y mosaicos italianos. El inmueble fue construido a inicios de la década de 1870 por el arquitecto Paul Lathoud,  para la rica viuda de Luis Cousiño, doña Isidora Goyenechea. Sobre un parque diseñado por el paisajista español Manuel Aranda Bórica, se encuentra el edificio principal, de dos niveles. No es necesario dar mayores antecedentes del interior del palacio, conocidos por todos son sus salones que recuerdan el tercer Imperio Francés: El recibidor está decorado por las cuatro estaciones, pinturas murales realizadas por Georges Clairin, el mismo pintor que decoró parte de la Opera Garnier en París. 
María Olga Lyon de Cousiño, Archivo Brügmann
Destaca también el enorme hall de doble altura, con pavimento de mayólica italiana y una enorme lámpara de cristal. La escalera principal está revestida en más de 20 tipos distintos de mármol; otro espacio de interés es el Salón de Baile, decorado profusamente en estilo Luis Felipe, con cortinajes de seda, un plafond del francés Ignacio Domaire y molduras completamente doradas a la hoja. Un invernadero, salón de té y juegos, pinacoteca, Comedor y comedor de diario, escritorio y sala de Armas, son algunos de los otras habitaciones de la mansión, todas decoradas con gran lujo. La casa contaba con una espectacular cochera, hoy desaparecida; sobreviven el pabellón de servicio y el de portería.
El palacio permaneció cerrado largos años, hasta que en la década de 1910 doña María Olga Lyon de Cousiño, vuelve a abrir los salones para sus numerosas amistades y visitas ilustres, como el baile dado en honor al Infante Fernando María de Baviera y Borbón en 1920. La mansión entró a remate con todo su mobiliario en 1941, siendo donado a la Municipalidad de Santiago que lo destinó como residencia para alojar a visitas ilustres, hospedándose Golda Meir, el Rey Balduino de Bélgica, el presidente Charles De Gaulle, entre otros. En 1977 se convirtió en Museo de Artes Decorativas, función que cumplió hasta el año 2010, cuando el terremoto obligó su cierre en espera de una restauración.
El palacio Cousiño sufrió la pérdida de las caballerizas que ocupaban el sector sur del parque. El enorme pabellón ricamente ornamentado resguardaba la colección de carros de la familia, según algunos, los más elegantes de Santiago. Fotografías en: Poirier, E. Chile en 1908. Impreta Barcelona, 1909.
La rica ornamentación del palacio Cousiño puede ser apreciada en la fachada y portones de acceso. El uso de cenefas de mayólica italiana para decorar los muros y cornisas, yesería de gran mérito artístico, esculturas y generosos espacios en medio del parque, son la nota distintiva de este inmueble levantado por el arquitecto frandés Paul Lathoud en 1878. Fotografía de los autores, 2013.
Fachada principal e interiores del palacio Cousiño: el salón de baile, el gran hall y el recibidor rojo.
Culmina la sucesión de mansiones con la casa número 552, que perteneció a Wenceslao Sierra Mendoza,  un conocido político, agricultor y Director del Instituto de Ingenieros; quien contrata al arquitecto Ricardo Larraín Bravo para construir su nueva residencia. La silueta neoclásica con mansarda y un pórtico de ingreso, reviven los aires pretenciosos de la Belle Époque, pero si se mira con más detalle, la ornamentación mucho más simple y geométrica, evidencia una época de cambios, no sólo arquitectónicos, sino que también sociales, un fiel reflejo de toda una época que comenzará su decadencia a fines de la década de 1920. El inmueble hoy es ocupado por el club de suboficiales mayores de la Fuerza Aérea de Chile.
Palacio Echaurren Herboso, Archivo Brügmann
Vecino era el  el mítico palacio Echaurren Valero en la numeración 620. El terreno que tenía salida por calle San Ignacio, resguardaba entre los árboles un edificio de inspiración neoclásica con un pórtico adelantado decorado con dos esculturas con antorchas. Coronaba la fachada una serie de glorias, obra del artista Nicanor Plaza, y en el interior se sucedían salones lujosísimos, unos estilo Luis XV, otro inspirado en la Alhambra, una biblioteca enmaderada, un comedor estilo Enrique IV y una espectacular pinacoteca decorada con un plafond con la figura de Francisco Pizarro descubriendo Perú. En esos salones se dio un comentado baile con motivo de la inauguración de la casa el 24 septiembre de 1885. Más información en: http://brugmannrestauradores.blogspot.com/2011/08/un-baile-el-evento-social-que-siempre.html El palacio Echaurren fue la primera vivienda particular en contar con sistema de luz eléctrica, el que fue estrenado la noche del baile. La propiedad pasó muy pronto a manos de Juan Mackenna, quien debió huir de su palacio durante la revolución de 1891 cuando se comenzó a destruir todas las casas de los partidarios de Balmaceda. Cuando los ánimos se calmaron, el palacio volvió a ser epicentro social hasta la década de  1920 cuando es vendido a la familia Márquez de la Plata. El edificio será demolido años más tarde.

Mansión de don Wenceslao Sierra en el número 552. En Álbum de los arquitectos de la Universidad Católica, 1923-1924. Imprenta la Ilustración. - El inmueble actualmente es propiedad del Club de Suboficiales de la Fuerza Aérea. Fotografía de los autores, 2013.

Iglesia del Santísimo Sacramento, 2010
La calle Dieciocho se pierde entre los derruidos restos de columnas, ladrillos de una casa desaparecida; el peculiar estilo barroco de una pequeña vivienda en el 733, que incorpora ondulantes ventanas, jarrones y medallones; que se asemejan a los serenos estucos de corte prusiano de la antigua Escuela Militar, ubicada muy cerca del preciado Parque Cousiño, desde donde salían todas las tardes los coches que presurosos se preparaban para deslumbrar a los cientos de vecinos que curiosos miraban por las ventanas y balcones, el paso de ese eterno desfile de la sociedad del gran mundo. Contribuye a este ambiente casi onírico la presencia del alicaído parque Almagro, que se extiende al oriente, dando aire a las viejas casonas y exhibiendo el sueño de la tan anhelada postal parisina en la vieja silueta de la Iglesia del Santísimo Sacramento. Más información en: http://www.brugmannrestauradores.blogspot.com/2012/04/un-sacre-coeur-en-pleno-santiago.html
Sin embargo hoy los viejos boatos se han extinguido, la calle se ha convertido en un populoso barrio universitario, que de vez en cuando se agita con el ingreso de miles de jóvenes que salen a protestar con dirección al Parque Almagro. La calle, no obstante, ni se inmuta, ya sabe de protestas y destrozos mucho peores...
Este pequeño recorrido a pie por Dieciocho es una excelente oportunidad para conocer la historia de un barrio, que sumido en la más absoluta suntuosidad, supo también de tragedias y violencia. La existencia del sector, a pesar de los edificios perdidos, es un verdadero privilegio que invita al transeúnte a mirar la ciudad con otros ojos: los detalles de la graciosa arquitectura, la solemnidad de los espacios y el lujo de algunas construcciones contribuyen a despertar en los más sensibles, ese amor por la historia y el patrimonio, un sentimiento que ayuda a crear ese necesario sentido de pertenencia, primordial para valorar y conservar nuestro pasado…

El recorrido de calle Dieciocho es una experiencia que no te tomará más de una mañana caminando, invita a tus amigos o familiares a un panorama distinto para el fin de semana. Si quieres proponer otro barrio o recorrido, o complementar este relato,  no dudes en escribirnos: contacto@brugmann.cl


Fernando Imas Brügmann
Mario Rojas Torrejón


Calle Dieciocho a inicios del siglo XX.
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6 comentarios:

Anónimo dijo...

Maravillosas construcciones donde se concentraba una parte de las grandes fortunas de Chile. Felicito a los autores de la página por hacernos retroceder en el tiempo y mostrarnos y explicarnos edificaciones desaparecidas.

Alejaindhino dijo...

Nunca dejo de asombrarme de la riqueza que poseían las familias más opulentas del Chile de la belle epoque. Qué pena que hayan derribado tanta construcción hermosa. Les recuerdo que en el parque Isidora Goyenechea de Cousiño de Lota había un castillo más bello aún, construido entre 1885 y 1890 fue derribado por orden de los que estaban a cargo de las minas en esa época 1962 ó 1963.Decían que era un "elefante blanco".Falso; fue para repartirse los implementos del palacio.Idiotas.

OSCAR GONZALO dijo...

PENSAR QUE YO VIVÍ ,EN LA CALLE DIECIOCHO ENTRE EL 1970 AL 1976 ,ENTRE 10 DE JULIO Y HOY SANTA ISABEL , A 100 MTS DE LA BOMBA AL LADO DEL CASINO DE LA FUERZA AEREA . EN AQUEL TIEMPO EXISTIA UNA FUENTE DE SODA EN LA ESQUINA STA ISABEL CON DIECIOCHO HABIA UN BUZON DE METAL REDONDO EN LA ESQUINA . LA PLAZ DE LA HERAS AÚN PERMANECEN LOS GOMEROS GIGANTES . QUE NOSTALGIA LA CALLE CASTRO QUE HOY ES LA NORTE SUR .

Anónimo dijo...

Alguien sabe que fue antes la sede de Icel que se encuentra en la calle 18? Lo pregunto porque aún conserva vitrales escaleras de mármol y cosas por el estilo.. Siempre ha sido un enigma para mi que habrá sido años atrás...

Anónimo dijo...

Excelente reportaje, maravilloso conocer la historia desde el punto de vista de la arquitectura y su influjo en la sociedad. Me faltó solo un dato: tengo entendido que en calle 18 vivió el Historiador Diego Barrros Arana...sabrán en que lugar fue?
Muy agradecido.
Un viaje o tour por la zona de barrio Yungay y alrededores vendría excelente.

manuel villalon dijo...

Bonito reportaje, yo viví desde el año 1951 hasta que expropiaron mi casa en el año 1970,frente a la plaza Las Heras,recuerdo las pichangas con los cabros de entonces cito algunos: Mario Pizarro,Mario Perez,washington. tito Pino y Marcos Pino, lucho Perdiguero,el kilin y el balo.Tambien recuerdo el almacén de dn. Guissepe en el edificio que todavía esta en la esquina con sta isabel.Existia en la desaparecida calle las Heras el bar de dn. Goyo,y el negocio de dn. Gilberto,la modernidad borro todo,también desapareció el colegio filipense de religiosas,el liceo Manuel Bulnes,verdad que había un buzón metálico rojo, las contrucciones eran preciosas, cuando era la calle castro había un cine de linda arquitectura.Como anecdota recuerdo a los hijos de dn. jacob Helo que iban a la plaza a jugar béisbol,por ahí vi pasar a presidentes y reyes que llegaban al Palacio Cousiño.Las Heras es ahora Sta Isabel,