sábado, agosto 23

LOS FANTASMAS COMERCIALES DE SANTIAGO

Los tranvías eléctricos, la aparición de novedosos boulevares empedrados y el alumbrado, hicieron del Santiago fin de siècle una urbe bulliciosa y moderna. Como toda gran ciudad se enorgullecía de un comercio de primer nivel, con los últimos adelantos de la tecnología estadounidense y alemana,  las novedades en la moda parisina y el lujo que otorgaban las buenas piezas de artes decorativas.
Ese colorido ambiente comercial necesitó muy pronto de edificios que pudieran acoger la creciente clientela, que a partir de 1880 -gracias a las nuevas técnicas de venta y publicidad- se agolpaban a diario en esos llamativos edificios que comenzaron a levantarse en el centro y la Alameda de las delicias. Desafortunadamente muy poco queda de ese intenso pasado, hoy derruido entre pasajes y galerías que intentan a duras penas sobrevivir...

Vendedor ambulante. Revista La Lira Chilena.1904
Difícil se nos hace pensar que aun a fines del siglo XIX, las tranquilas calles de Santiago eran animadas por el característico sonido de los vendedores ambulantes que recorrían la ciudad ofreciendo sus mercancías a grito pelado, montados en una cansada mula. Era éste uno de los últimos vestigios de la época colonial, una etapa de nuestra historia que quería ser borrada por los cada vez más refinados habitantes, que veían en modo de vida europeo la inspiración perfecta para alcanzar el mundo civilizado.

El comercio no sólo se concentraba en éstos populares mercaderes, sino que se había establecido desde hace mucho en los tradicionales portales de la Plaza de Armas, donde se ofrecían productos de la más diversa especie. A medida que el 1800 fue avanzando, esos locales modestos se fueron transformando en una sucesión de tiendas del mejor nivel, donde los productos importados tenían especial figuración. Uno de los más conocidos era el antiguo Portal Tagle, ubicado al oriente de la plaza, y que fue reemplazado hacia 1864 por un moderno edificio de reminiscencias neoclásicas, encargado por el empresario Carlos Mac Clure. Trece años más tarde, el arquitecto Ricardo Brown junto con el ingeniero Daniel Barros Grez, son los encargados de expandir este centro comercial, construyendo el “Pasaje Mac Clure”: una moderna solución urbanística que uniría las calles de Merced y Monjitas, a través de una galería comercial techada. “Con suma actividad se continúan los trabajos en sus elegantes galerías. Se han colocado ya casi todas las lámparas que sostendrán las cariátides i cuando estén en su lugar algunas de éstas que aun no se han puesto, podrá abrirse ese suntuoso centro comercial al público”. Diario La República, junio 22 de 1877.


La Plaza de Armas de Santiago, por Joseph Selleny. 1859. Expedición Novara.  Colección Museo Histórico Nacional de Chile. 


La Galería San Carlos de Santiago, 1915.
El refinado edificio estaba protegido por una cubierta vidriada, sustentada por gruesas columnas corintias, arcos rebajados y una serie de esculturas realizadas por el artista Nicanor Plaza. Hacia el sur de la galería, se construyó una caprichosa gruta artificial a cargo de los artistas Domingo D’Anglard e Isidoro de Blancheteau. La fantasía de 80 metros2 era una cámara que imitaba una caverna con estalactitas y estalagmitas, humedecida por un acuario y una cascada. Un pasaje semioculto permitía ingresar a otra cámara, donde había una cascada de mayores dimensiones con un estanque que contenía ranas y lagartos. Los muros rocosos habían sido pintados por Blancheteau, imitando murciélagos, ratas, arañas y otros animales de las cavernas. La escenografía sería iluminada tenuemente por faroles a gas, y esperaba ser todo un atractivo para los visitantes. Convivió en este onírico ambiente, el famoso Café de La Bolsa, la farmacia Brand, la primera tienda de libros usados de G. Cueto, el Club de la Democracia, la Loggia Masónica,  las oficinas del Colegio de Periodistas, y la cordonería La Bola de Plata,  especializada en la importación de cachemiras negras y de colores, géneros blancos, terciopelos y adornos para vestidos. También el Centro Catalán, institución fundada en 1907 siendo su Presidente el conocido arquitecto José Forteza, quien contribuyó a posicionar este club como un concurrido espacio de promoción para las actividades intelectuales y artísticas.

En los altos, con vista hacia la plaza, vivió don Pedro Montt, quien sería Presidente años más tarde. El escritor Luis Orrego Luco recuerda: “el 31 de diciembre de 1890 había sido yo invitado por don Pedro Montt a comer a su casa situada en los altos de la Galería San Carlos esquina de la Plaza de Armas con Mercado. Era una comida íntima a la cual asistieron don Carlos Varas, don Luis Montt, el General Urrutia –de barba cana, viejo y algo cojo-, don José Luis Besa. Doña Sara del Campo de Montt, por aquel tiempo joven y hermosa, de grandes ojos negros, de gracia y vivacidad andaluza, presidía la mesa y la acompañaban sus hermanas Ángela y Antonia, de quien yo estaba enamorado entonces…”. Orrego, L. Memorias del Tiempo Viejo. Ediciones Universidad de Chile. 1984

En 1927 el Portal McClure sufrió un terrible incendio que dañó severamente el ala sur del edificio; la galería San Carlos fue parcialmente destruida, y a pesar de las posibilidades de reconstrucción, se prefirió optar por su demolición - y la de todo el portal- en 1929. Hoy el pasaje Phillips y el Portal Bulnes, ocupan su lugar.
Galería y Salón de Recepciones del Centro Catalán, al interior del edificio Mac Clure. En Álbum de los Clubes Privados de Chile. 1926. Biblioteca Brügmann.
Daños ocasionados en la Galería San Carlos, a raíz del incendio de 1927. En Revista Zig Zag, 1927

En la acera sur de la plaza se extendía el Portal Fernández Concha, denominado antiguamente como de Sierra Bella. Sus planos estuvieron a cargo del arquitecto francés Lucien Hénault, pero fueron ejecutados por el inglés W. Hoveden Hendry en 1872. Tres grandes cúpulas decoradas con esculturas, servían de remate al edificio de tres niveles, que distribuía armónicamente una sobria ornamentación neoclásica, compuesta por pesados frontones, balaustradas, balconajes de fierro, grandes vidrieras, columnas adosadas y pilastras revestidas con mármol. Tal refinamiento fue complementado con la presencia de un exclusivo comercio, entre los que se contaban la perfumería La Mayor, la Casa Británica, la juguetería Casa Senda, la Relojería de José Huber y la exclusiva Peluquería Parisiense. 

La Plaza de Armas de Santiago y el edificio del Portal Fernández Concha. En: La Republique du Chili. Leipzig, 1903. Bibloteca Brügmann.
La peluquería Parisiense funcionaba en el portal Fernández Concha desde 1877. Ofrecía peluquería para señoras y caballeros en secciones diferentes, servicios a domicilio y el asesoramiento de estilistas franceses que trabajaban en el lugar. El incendio de 1930 la destruyó por completo. Imagen en: Revista Familia, agosto 1917.
La plaza de Armas era un sitio muy concurrido sobretodo en las mañanas, sitio predilecto para reunirse con los amigos o familiares, e ir a deambular por el circuito comercial en las calles aledañas. 

Los altos fueron reservados para las oficinas de importantes  firmas, como la de Weir Scott y Cía., importadores de productos de consumo, que alcanzó a ser la mayor casa importadora de Té en nuestro país. El tercer nivel fue ocupado por el lujoso Hotel Santiago, que ofrecía un equipamiento suntuoso y una cocina del mejor nivel, dirigida por el chef francés Alexandre D’Huique, que deleitaba a los visitantes con sus famosos consommé aux profiteroles,  la supréme de volailles y el pudding Nesselrode. 
 El Hotel hacia 1880 se convierte en el Gran Hotel Inglés, primero en contar con luz eléctrica en sus instalaciones. Más tarde pasaría a llamarse sucesivamente, Hotel de Francia, Milán y por último Plaza, pionero en incluir en sus habitaciones baños privados.
En el mismo nivel funcionó también el Club Militar, fundado en 1904, y que se enorgullecía de sus instalaciones, donde no existía “esa suntuosidad chocante y de mal gusto de otros centros sociales, la sencillez de sus amueblados, decoraciones acusa una organización severa e inteligente. Posee una buena biblioteca y sala de lectura; extensos comedores, un regio salón de recepción, sala de billares, cantina, peluquería, sala de esgrima…”. Revista Sucesos, agosto 1916.
La gloriosa fisonomía del portal desapareció en la década de 1930 producto de un incendio. En su reemplazo, la firma de arquitectos Smith Solar& Smith Miller construyó un nuevo portal, el mismo que vemos hoy en día; y que albergó hasta hace poco el famoso Chez Henry y el Quick Lunch Bahamondes.


Pasaje Bulnes. En Chile Ilustrado, Recaredo Tornero 1872.
En la misma manzana que ocupaba el Portal Fernández Concha, se encontraba la antigua Galería del Comercio o Pasaje Bulnes, que había sido encargada a inicios de 1850 por el General Bulnes al arquitecto francés Francois Brunet DesBaines. Tomando las ideas de los pasajes techados que proliferaban en el Paris de Haussman, el arquitecto creó un extenso pasaje de dos niveles con cubierta vidriada,  conformado por tres grandes brazos unidos por una rotonda central, con salidas a calle Ahumada, Estado y Huérfanos. “Hace tiempo visité las principales capitales del Viejo Mundo y puedo asegurarles que he visto muchas galerías mercantiles, algunas más vastas que las de Santiago; pero en Paris mismo no he visto ninguna que la sobrepuje en gusto, armonía i elegancia; honra pues a la ciudad de Santiago que posee un edificio, digno de las primeras capitales del mundo civilizado; honra a don Manuel Bulnes que no ha temido en arriesgar una gran fortuna en la realización de un gran pensamiento; honra a M. Brunet DesBaines que ha ejecutado este pensamiento con tanta maestría”. Diario El Museo, diciembre 1853.
Posteriormente, a raíz de la construcción del Portal Fernández Concha, el arquitecto Lucien Henault finaliza la galería agregándole un brazo más con salida a la calle Merced, pasa entonces a llamarse Pasaje Matte, en honor a su nuevo propietario don Domingo Matte.  El establecimiento no tardó en consolidarse como el preferido de la aristocracia santiaguina, sobre todo por el público femenino que veía en ella un interminable conjunto de las mejores tiendas de novedades de la época. Ahí estaba Chessé y A La Ville de Paris especializada en novedades para señoras y caballeros. También la respetada peluquería de Gustavo Dumirail, la joyería Barros y en el número 25 del pasaje Matte, el atrayente sonido musical de las bandas de moda, llamaba la atención de los jóvenes, que se agolpaban para comprar un fonógrafo Victor o Pathé. 
El pasaje Matte sufrió un incendio y fue remodelado en 1947. Resguardó desde entonces una gran cantidad de joyerías, tabaquerías y tiendas de electrónica, que fueron furor en la década de los 70 y 80; hoy el comercio ha cambiado levemente, pero sigue congregando a la multitud capitalina.

El Pasaje Bulnes tomó como modelo las grandes galerias parisinas, que existen hasta el día de hoy. De haberla conservado, podríamos pasear por uno de los más emblemáticos y antiguos centros comerciales de toda América Latina. Fotografía en Álbum Chile a la Vista, 1895. Biblioteca Brügmann.
La "Gran Fonografía Pathé" en el pasaje Matte 25, ofrecía variedad en óperas, operetas, zarzuelas, solos vocales, instrumentales, bandas y canciones sagradas, que se renovaban con la llegada de cada vapor. Publicidad en Revista La Ilustración, 1905.

En la esquina sur oriente de la plaza, el arquitecto Eugenio Joannon Croizier inaugurará a fines del XIX, una nueva generación de edificios comerciales construidos en base a estructura metálica y organizados interiormente con plantas libres, siguiendo los lineamientos que había impuesto  el Bon Marché de Paris.
Publicidad de Ridell & Cía, 1904.
Gracias a este modelo, era posible organizar departamentos independientes en cada nivel del edificio, separando las novedades para señoras, niños o caballeros, y otros productos, ofreciendo además, espacios de gran luminosidad y una escenográfica puesta en escena, que maravillaba a todos los compradores.
Joannon levantó este inmueble en 1892 para La Tienda Inglesa de Ridell & Cía., una conocida casa de novedades para señoras, caballeros y niños; que planeaba posicionarse como un referente del comercio moderno.
El edificio, construido por perfiles metálicos encargados a Francia, tiene tres niveles, un subterráneo y una cúpula de madera. En el primer nivel “se ubican seis departamentos, incluyendo los de confecciones y hogar, además de oficinas y baños ubicados tanto a la izquierda como la derecha de la escalera principal. En el segundo nivel destaca un gran salón en el que se han dispuesto todas las comodidades para que las señoras puedan conversar, descansar y solicitar que se les lleve allí cualquier artículo de la tienda para probar  o simplemente admirar. Junto a este salón se ubica el taller de sombrerería y otros departamentos. El tercer piso es utilizado como bodega, y contiene una sorpresa…suponemos que podría tratarse de un salón de té”, comentará la historiadora Jacqueline Dussaillant, en su libro Las Reinas de Estado, en base a la descripción que se desprende de la publicidad de la época.
En 1902 el sitio (que pertenecía a la sucesión Jaraquemada) y el edificio, es adquirido por Agustín Edwards, pasando a diversos propietarios más tarde. La casa Ridell sigue funcionando algunos años; cuando desaparece, oficinas variadas, bodegas y la Farmacia Bentjerodt ocupan el inmueble,  siendo ésta última su huésped más duradero. También albergó la conocida Mercería Colón, que ofrecía hermosos menajes y ricas porcelanas importadas.
Hoy en día aun es posible apreciar la metálica arquitectura de este emblemático hito comercial de Santiago.
El edificio Edwards, en la época que la Botica Bentjerodt funcionaba. Archivo de Arquitectura del Ministerio de Obras Públicas. - Antigua Mercería Colón, en los bajos del edificio Edwards. En Album del Club de la Unión, 1926. Biblioteca Brügmann.
Jerman Brügmann caminando por la Plaza de Armas de Santiago. 1930. Archivo Patrimonial Brügmann.

Edificio Krauss en 1915. Color: Brügmann
En la esquina de Plaza de Armas y Puente, existió el Gran Almacén Genovés de Juan Podesta, una tienda de surtidos que ofrecía desde porcelanas, juegos de lavatorio y cristalería; a licores finos, champagnes y toda clase de conservas y útiles de fierro esmaltado. Su lema era vender barato  a toda clase de clientela, y para eso contaba con dependientes que hablaban francés, inglés e italiano.
A inicios de 1900, la firma Krauss Hnos, compra el sitio para construir un llamativo inmueble de cuatro pisos coronado por una esbelta cúpula de pizarra gris. Trasladaron ahí una de las más populares jugueterías de Chile, especializada en la importación de juguetes alemanes, que llenaban de imaginación y fantasía a todos los niños de la época. "Cada mañana en el mismo sitio, mi corazón empezaba a latir: era que íbamos a enfrentar el bazar alemán de Krauss, la más importante juguetería de Santiago, con sus vitrinas atestadas de lujosos juguetes... mis ávidos ojos alcanzaban a divisar la aglomeración de maravillas guardadas adentro. Y los colores vivos de aquellos juguetes dispuestos en hilera hasta el techo me cegaban un momento, produciéndome un especie de vértigo...", comentará María Flora Yáñez en sus memorias.
Eran cuatro interminables pisos unidos por escaleras de nogal y un ascensor, que permitían llegar a otros departamentos donde se ofrecían no sólo juguetes, sino que también cuadros al óleo, quincallería, cristalería y diversos artículos para el hogar. La fiebre modernista ochentera terminó derribando éste fantástico inmueble, apostando por un moderno centro comercial  y un edificio de cristal, que sería icono del sector, pero que culminó como un decadente conjunto de tiendas.
Aviso publicitario del Bazar Alemán de Krauss Hnos., Revista Zig Zag, septiembre 1911.
El atiborrado interior de los almacenes de Krauss Hnos, fue una de las mayores fantasías para los niños chilenos a principios del siglo XX. Fotografías en: Revista Zig Zag, 1912.
La demolición del edificio Krauss fue una de las primeras polémicas patrimoniales en la década de 1980; sin embargo, esto no impidió que fuera reemplazado por una torre de cristal que destruyó el armónico entorno que era la Plaza de Armas de Santiago. Fotografías en el blog Urbatorium. http://urbatorium.blogspot.com/2009/03/un-pecado-imperdonable-el-edificio-del.html

El comercio no sólo se concentró en la Plaza de Armas, sino que se extendió por todas las calles aledañas. En Veintiuno de Mayo esquina San Pablo, existió la tienda Los Cien Mil Paletoes que ofrecía ropa hecha para caballeros y señoras, propiedad del español Alejandro Moder. En la misma calle, los baratillos se concentraban entre Rosas y Santo Domingo, destacando “La Confianza”, “El Gallo” y “El Canario”. Todas estas tiendas  tenían la particularidad de ofrecer sus confecciones y telas casi en la calle, con la intención de captar más clientela.
Son estos baratillos un reflejo de lo que era el comercio santiaguino en 1900, un contraste abismante entre progreso y antiguas tradiciones. Los edificios de hierro y concreto, deben convivir con la precariedad que muestran las olvidadas casas coloniales, transformadas en pintorescos negocios de todo tipo de productos. 
“En plena Plaza de Armas, hay casas que tienen más de un siglo. En ella se ven pequeños negocios que nos parecen baratillos; una librería se junta con el puesto de un lustra botas y la botica se confunde con la cigarrería. Al otro extremo de la plaza nos encontramos con una serie de bazares turcos; nos sentimos por un momento transportados a Constantinopla”. J. Espinosa, Revista Sucesos, diciembre 1916. 
Conjunto de antiguas tiendas y baratillos en la calle 21 de mayo, entre Santo Domingo y Rosas; que reflejan las diferentes expresiones comerciales que convivían en el Santiago de principios del 900. Fotografía en Revista Sucesos, 1916. 
La calle Estado era parte del novedoso circuito comercial creado por las grandes tiendas, un concurrido y elegante paseo donde se podían encontrar desde enaguas, hasta los primeros artículos electrónicos. Fotografía en: Álbum Chile, 1906. Colección Biblioteca Nacional de Chile.

Otros focos comerciales se establecieron en Mapocho, la calle Rosas, Bandera y al sur de la Alameda, la calle San Diego y Arturo Prat cobijaron un activo comercio. Sin embargo, a principios del siglo XX, surgió casi espontáneamente un polo comercial mucho más refinado, entre las calles Ahumada y Estado, que se apegó a los nuevos conceptos de venta moderna, donde una tienda pasaba a ser un templo de lujosos atractivos, con vitrinas llamativas, maniquíes, atención personalizada y organizados espacios que, cumplían la misión de retener al comprador la mayor cantidad de tiempo posible.

La Sastrería Pinaud, a un costado del Pasaje Matte. 1926.
Transportándonos 100 años atrás, podemos seguir a la multitud que deambula por la calle Estado, donde se encuentran las mejores tiendas de ropa hecha de la capital. Seguramente el deambular diario de las señoras, comenzaba en la tienda de A.M. Robert, en Estado 67; que recibía semanalmente vestidos, sombreros, abrigos y guantes, traídos de Paris. Muy cerca, en el 384 de calle Estado, estaba la Sastrería Pinaud, fundada en el año 1857 y que tenía una larga tradición en confecciones con finas telas importadas; mientras que la Gran Casa de Modas y Novedades Maison Gualtieri, atendida directamente por Madame Suzana de Gualtieri, ofrecía la confección de finos trajes, sombreros, guantes y accesorios. En los altos del mismo edificio, se encontraba también la Gran Casa de Moda Julia & Armand, que se enorgullecía de ofrecer modelos escogidos por sus propios dueños en Paris, y la presencia en esa ciudad, de una modista especializada que remitía semanalmente las últimas novedades.
Para poder modelar estos conjuntos, era necesario un buen corset, los que podían comprarse en la respetada Maison Pouget V., cuyas creaciones aseguraban la transformación completa del cuerpo, alargamiento, disminución del talle y una redondez escultural de las caderas.

La tienda de A.M. Robert, con sus llamativas vitrinas y sala de exposiciones, atraía a una gran clientela femenina. En: Album del Club de la Unión, 1926. Biblioteca Brügmann.

La Maison Gualtieri, en su elegante local de calle Estado 357, ofrecía lo último en novedades parisinas. Fotografía en: Revista Familia, 1922.
Afiche publicitario de la "Malla Pouget", una de las últimas novedades en corsetería de la Maison Pouget. En, Revista Selecta, 1909. Biblioteca Brügmann.
Para la temporada  invierno de 1913, la Gran Casa de Moda Julia y Armand, anunciaba la llegada de un gran surtido de trajes sastre, vestidos habillé, abrigos, sombreros y pieles. Publicidad en la Revista Familia, 1913.
En la Casa de Novedades Maison Elfride, de Monjitas 453, se podían encontrar trajes, sombreros, fajas elásticas y ropa interior de lujo. Archivo Patrimonial Brügmann.

Si las señoras querían maravillarse con el inigualable resplandor de los brillantes, podían dirigirse a la Joyería de Luis Sinn, en Huérfanos 969, afamados joyeros e importadores de finos relojes Omega. No menos importantes eran los mostradores de la Casa Ehni & Cía, en la calle Estado 378, que contaba con un valioso surtido de piezas artísticas y perlas. La Joyería Imperial de Schvab Hnos., en Estado 386, exhibía un espléndido surtido en joyas finas, con brillantes, perlas y piedras preciosas.  Mientras que la Gran Fábrica de Alhajas del alemán Otto Waak, en su espacioso local frente al Teatro Municipal, deslumbraba a la clientela con finísimas creaciones, especializándose además en la transformación de joyas antiguas. 


La Joyería de Otto Waak era una de las favoritas de las mujeres chilenas, especializada en joyas modernas y piedras preciosas; mientras que la Joyería Huber tenía uno de los más variados surtidos en relojes para señoras y caballeros. Publicidad en: Revista Zig Zag, 1907, y Revista La Ilustración 1905.
La Casa de Luis E. Sinn fue fundada en 1850 en Valparaíso, y llegó a la capital en 1899. Además de un selecto surtido de joyas, pedrerías y relojes, ofrecía objetos artísticos como esculturas, jarrones y platería. Fotografía en Álbum del Club de la Unión, 1926. Biblioteca Brügmann. 

Las pieles –que a principios del veinte- se llevaban a toda hora y en todo lugar, podían adquirirse en la finísima peletería L’Hiver, en Huérfanos 1016; en la peletería Blanco Encalada, especializada en paletoes y capas de skoung; o en la peletería rusa “El zorro negro” de José Miguel Tannenbaum, que brindaba a sus clientes pieles importadas como martas cibelinas, skoungs, astracán, chinchillas, karakul, petit gris, armiños y zorro plateado.
Las pieles se convirtieron en un accesorio indispensable para todas las mujeres a inicios del siglo XX. Grandes peleterías ofrecían pieles para todos los gustos y bolsillos, siendo las más populares el Astracán, Skoung, zorro plateado y nutrias.  
Paseantes del centro de Santiago, con llamativas pieles. Revista Familia, 1923. - Las pieles se tornaron en un indispensable para las mujeres del siglo XX, tendencia hoy en retirada pero no en desuso. En la imagen, Luisa Merino de Holley, por el centro de la capital. Fotografía perteneciente a su nieto, Ricardo Benavente.
Paseantes del centro de Santiago. Revista Familia, 1917.

Por otro lado, los caballeros encontraban lo mejor de Londres o Paris, en la Casa A. Dumas ubicada en Huérfanos 1054. También en el amplio local de la Casa A. Launay en Ahumada 335, donde los clientes podían elegir entre una gran variedad de camisas y corbatas. En la Sastrería Inglesa de Serveau y Dáttoli, se podían conseguir las mejores corbatas y encargar todo tipo de uniformes; mientras que El Corte Inglés en calle Puente 551, y La Matritense, en calle Estado 98, ofrecían camisas hechas, abrigos, sombreros, maletas y trajes rápidos para luto. La prestigiosa Casa Georges Lambert en Huérfanos 963, importaba directamente de Paris, bonitos sombreros, guantes y accesorios de moda, convirtiéndose en la favorita de los jóvenes; mientras que la sastrería Casa Stitchkin prometía un terno elegante por tan sólo 20 pesos. La Camisería Barcelona en calle Puente ofrecía camisas, puños y cuellos; mientras que la elegante Sastrería H.Bouzigues en Ahumada 190, era famosa por confeccionar los mejores trajes de etiqueta.
La casa A. Dumas en la calle Huérfanos. En Álbum de los Clubes Sociales, 1926 - Publicidad de la Sastrería Inglesa de Serveau y Dáttoli, en la Revista La Lira Chilena, 1906.- Publicidad de la Casa Stitchkin, en la Revista Negro y Blanco, 1912.
El elegante local de la tienda A. Launay en la calle Ahumada. Fotografías en Álbum del Club de la Unión, 1926. Biblioteca Brügmann.
La popular Camisería Barcelona, en Puente esquina Santo Domingo. En la Revista La Ilustración, 1899. - La Sala de Ventas de la Sastrería H. Bouzigues, propiedad de Carlos Rossier, en la revista Sucesos 1917. 

Si de sombreros de factura nacional se trataba, la Gran Sombrerería de Capellaro Hnos., en Estado230,  ofrecía el más variado y completo surtido de sombreros de pelo, paño y paja. Los más deportistas pasaban a comprar a la calle Estado 299, donde la Casa Sport, ofrecía sillas de montar inglesas, y un especial surtido de productos para “Foot-Ball, Lawn-Tennis, Croquet, Polo, Cricket, Golf, Esgrima y Box.
Ningún atuendo estaría completo sin el zapato adecuado: como “el preferido de la alta sociedad” publicitaba su calzado la Casa F. Vuletich, mientras que en la calle Ahumada la tienda de M Artigas, exhibía en sus vitrinas zapatos importados de Suiza e Inglaterra. La tienda vecina, The Ideal Shoe se especializaba en zapatos estadounidenses e ingleses para caballeros, la Casa Norteamericana en Estado 346, ofrecía elegantes zapatos para señoras marca Fleur, y la Casa Basas Hnos, ofrecía zapatos importados de Austria. Más accesibles eran los zapatos que se vendían en los Almacenes de Calzado La Alhambra, ubicado en San Antonio esquina Monjitas, con un amplio surtido de productos para caballeros, niños y niñas.


Los vecinos locales de M. Artigas y The IdealShoe, competían en la calle Ahumada por captar la atención de los clientes con llamativas vitrinas, llenas de zapatos importados de Inglaterra, Estados Unidos y Suiza. Fotografía en Álbum Vistas de Santiago, 1915. 
Don Juan Picó Miró amasó una fortuna especializándose en el calzado femenino, se convirtió en uno de los reyes indiscutidos entre la exigente clientela de la alta sociedad santiaguina. Publicidad en Revista Familia, 1919.
En la calle Estado, Capellaro Hnos. y la Gran Botería Santiago concentraban a la mayoría de la clientela masculina. Publicidad en la Revista La Lira Chilena, 1906.
La Casa Sport de Diener & Co., ofrecía desde materiales para la pesca a artículos para el cricket. Publicidad en revista La Lira Chilena, 1906. - Basas Hnos., se especializaba en la importación de zapatos austriacos, ingleses y estadounidenses; ofreciéndolos en su local de  Ahumada 226. Publicidad en la revista Negro y Blanco, 1912.
Los Calzados Eva se enorgullecía de ofrecer zapatos diseñados por su propia firma, al igual que Vuletich, que confeccionaba su calzado con productos nacionales. Publicidad en la revista Familia, 1922. 

Si se querían adquirir piezas artísticas, no había nada mejor que dirigirse a la calle Estado 354, porque la casa importadora de objetos de lujo perteneciente a Emilio Weil había inaugurado a inicios del siglo XX, un suntuoso local donde se podían conseguir esculturas en bronce de “Barbedienne”, porcelanas de “Copenhagen”, relojes Longines, porcelanas de “Robj”, lámparas de cristal de roca, mármoles y hasta abanicos de plumas de avestruz.
Publicidad de J. Tusche, mueblistas especializados. 1907
Los muebles podían comprarse en los Almacenes de la Casa Bresciani, en Estado 47, que brindaba mobiliario de la mejor calidad a precios económicos, siendo su especialidad los de estilo Luis XVI. En la calle Ahumada 89-91, la Casa T. Elliot importaba “muebles americanos de alta novedad y magnificencia”; y la Gran Mueblería de Eduardo Guzmán Rojas en Estado 85, fabricaba muebles de comedor o escritorio de todos los estilos, catres de bronce, sillas de estilo francés y salomónicos para el comedor. Sin embargo, la más conocida de las mueblerías fue la  Casa Muzard, ubicada en la calle  Moneda 957 y con sucursal en Valparaíso. Su elegante edificio contaba con espaciosos salones de venta, un gran taller de tapicería, fábrica de muebles y un surtido de alfombras que se renovaba con la llegada de cada vapor. Muzard ofrecía el servicio de amueblado de viviendas particulares y edificios, fabricando muebles especiales a medida, como fue el caso del alhajamiento de las nuevas oficinas de El Mercurio en el palacio Larraín Zañartu en 1902 (más información en:http://brugmannrestauradores.blogspot.com/2014/04/el-palacio-larrain-zanartu.html )
Ninguna residencia de buen tono estaría completa sin un piano, los mejores podían conseguirse en la gran Tienda de Otto Becker, en Ahumada 113-116, especializado en instrumentos musicales y finos pianos de marcas tan conocidas como Steinway & Sons, Bluthner, L.Mórs y Co., Zeitz, Albert Fahr y Schiedmayer Pianoforte-fabrik. Los más jóvenes por otro lado, podían adquirir las novedosas Victrolas Victor en la firma Curphey & Cía, en Estado 67.
Exterior e interior de la famosa tienda Casa Muzard, con sucursales en Santiago y Valparaíso; fundada en 1845. Fotografías en Flickr Santiagonostálgico.
La Casa Weil se especializó en la importación de joyería y objetos finos de decoración, que exhibiía en su amplio local de la calle Estado. Publicidad en la revista Familia 1922, y Sucesos 1914. 
Las más importantes marcas de pianos podían encontrarse en el local de Otto Becker en la calle Ahumada 113, en los bajos del edificio Lyon. Publicidad en Álbum del Club de la Unión, 1926. Biblioteca Brügmann. 

El recorrido podía continuar por la concurrida Perfumería y Peluquería de J. A. Potin Fils, que contaba con un salón de peluquería para caballeros y niños, una sala de peinados y estética para señoras; un espléndido servicio de manicure, y talleres especializados en la confección de postizos y pelucas. Similares servicios ofrecía la Peluquería de Roberto Riepel, pero incorporaba algunos atractivos más, como masajes, ondulaciones y un especial surtido de tinturas para el cabello. 
Los hombres que sufrían esperando a sus señoras en la peluquería, no dudaban en ir a darse una vuelta a la Librería Alemana de José Ivens, ubicada en Estado 101, “la mejor surtida y más extensa de Chile, con suscripción a todos los periódicos del mundo”. La casa además ofrecía la importación de libros desde Estados Unidos, Europa y Argentina; según constata una publicidad de la revista Zigzag de 1906.

Salón central de la Peluquería J.A. Potin Fils, en la calle Ahumada 150. Imagen el Álbum del Club de la Unión, 1926. Biblioteca Brügmann.
Grupo de paseantes en la calle Catedral de Santiago. Revista Familia, 1922.
Publicidad de la popular peluquería de Roberto Riepel y Otto Brehme, ubicada en la calle Agustinas 869. Imagen en la revista Familia 1918.

En la calle Ahumada 377, la mercería francesa “A San Pedro” era todo un icono del viejo comercio santiaguino, donde podían encontrarse toda clase de útiles y menaje de casa. Un poco más alejada estaba la también antigua Casa Jeanne D’Arc –fundada en 1872- con su gran surtido de imaginería religiosa, cálices y altares, firma que milagrosamente sobrevivió hasta 2011. La conocida Casa Royal comenzó tímidamente en la calle Ahumada 55, como un local especializado en todo tipo de cuchillería, trinchantes, afiladores, cucharas, tenedores, tenazas y una gran variedad de servicios de té de plaqué o níquel. La Casa Morrison & Co., ofrecía lavatorios, duchas, inodoros y sumideros de la más alta calidad; publicitando “Usted no puede decir que su casa es moderna y confortable, si su pieza de baño y sus útiles son viejos y antihigiénicos”.


La figura de San Pedro dio nombre a una antigua Mercería, que convocaba a la más diversa clientela. Publicidad en el Álbum de Vistas de Chile, 1895.
Todos podemos recordar la silueta de la popular casa Jeanne D'Arc, que fue fundada en 1872 y cerró tristemente el año 2011. Fotografía en Álbum del Club de la Unión de 1926- Cartel publicitaria de bronce de la Casa Jeanne D'Arc. Colección Particular.
La casa Morrison & Co., suministró de artefactos de baño a las primeras casas particulares que tuvieron ese moderno avance del siglo XX; mientras que la Casa Royal, existente hasta hoy, ofrecía lámparas,  cuchillería, servicios de té y artículos de plaqué en la calle Ahumada. 
Más al oriente, la Botica y Droguería Klein, en Huérfanos 1095, vendía colonias, cremas, elixires, cosméticos y medicamentos por receta, los que eran de elaboración propia. En el mismo rubro, destacaba la vieja Botica del Indio, propiedad de los hermanos Alberto y Julio Hochstetter, en la esquina de Alameda y Ahumada. Entregaba el mejor surtido de drogas, químicos nacionales y extranjeros, artículos de vendaje, jeringas hipodérmicas, instrumentos de cirugía, sondas, bragueros, medias para varices y otros tantos productos médicos. La farmacia cambió de dueño y ubicación en 1953, cuando el edificio fue demolido, desapareciendo para siempre esta clásica botica que recordaban nítidamente nuestros abuelos. 
Aspecto de la Botica y Droguería Alemana de Klein; y la popular Botica del Indio. En Álbum del Club de la Unión, 1926. Biblioteca Brügmann.
Rodrigo Arrieta y su mujer, María Casanova, en las calles de Santiago. - En la Plaza de Armas, Mané Pacheco de Montero. Archivo Patrimonial Brügmann.
Marta Funke Uribe y su hija en la calle Ahumada. - Manuel Fernández Greene. Fotografías tomadas de Geni.com

Estos pequeños pero importantísimos locales comerciales, debieron coexistir a inicios del 1900 con grandes almacenes de hierro y concreto, que fueron extendiéndose por las principales calles y avenidas. Una de las más importantes tiendas de novedades fue Casa Prá, fundada en 1865 por el ciudadano francés Claude Prá, quien instaló una tienda en el concurrido pasaje Matte. Más tarde, su hijo Jules amplió éstas dependencias dándole salida a la calle Estado, y conforme el negocio crecía, decidió comprar un extenso terreno en la calle Huérfanos, entre Ahumada y Bandera, para construir un nuevo edificio especialmente diseñado para la tienda. El arquitecto-ingeniero elegido fue Eugenio Joannon, quien levantó una peculiar estructura de concreto y fierro, con grandes vidrieras, cúpulas y una extensa marquesina protectora, muy similares a la de las grandes Magasines de Nouveautés construidas en Paris.
Publicidad de la Casa Prá. 1897
El primer nivel tenía 52 departamentos, entre los que destacaban Ropa Blanca, Corsées, Paños para vestidos, Alfombras, Ajuares, Perfumería, Flores, Abanicos, Sederías negras y Guantes. El segundo nivel al que se llegaba por un moderno ascensor, ofrecía o departamentos, como Porcelanas, Cristalerías, Cristofle, Confecciones, Sombreros y Muebles. El último piso, contaba con departamentos de, papeles pintados y artículos eclesiásticos. La casa contaba además con talleres de vestidos, de camisería para hombres, tapicería, sombreros, cartonajes, lavandería y otros tantos que cumplían con los requerimientos del cliente moderno. En los primeros años de 1900, Eugenio Joannon es convocado nuevamente, ésta vez para ampliar el local. Su novedoso proyecto sufre algunos cambios con la llegada de dos ingenieros franceses de la firma P. Cottancin, y ante las diferencias, Joannon renuncia, y vigila las obras sólo como arquitecto. El experimento  de los franceses que consistía en una estructura de ladrillos armados con fierro redondo, termina en una bullada catástrofe: el 10 de octubre de 1904 la ampliación colapsa, hundiéndose con 14 obreros que murieron instantáneamente. “De improviso, un crujido anuncia el principio de la catástrofe: es que uno de los tabiques ha cedido y comienza a desmoronarse. Los obreros al sentir esto, corren precipitadamente a ponerse a salvo, pero no hubo tiempo… el estrépito fue horroroso: una inmensa columna de tierra oscureció la calle elevándose a grande altura. Luego, un silencio sepulcral, y después el ruido de una confusión espantosa”. Revista Sucesos, 1904.
La tragedia genera un severo golpe a la empresa del que nunca logra recuperarse. Los pleitos, largos juicios, un desfalco y la falta de credibilidad, terminan por obligar el cierre de la legendaria Casa Prá  en 1912. Ese mismo año, se arrienda el inmueble al elegante Magestic Palace, un centro de entretenciones con cancha de patinaje, sala de conciertos y restaurant, que se convirtió en el favorito de la juventud del gran mundo. El edificio desaparecerá junto a toda su historia en 1945.

Ilustración que refleja la catástrofe de la Casa Prá el 10 de octubre de 1904. En la revista La Lira Chilena, 1904.
Interior del edificio de la Casa Prá, en época que funcionaba el Majestic Palace de Santiago. En revista Sucesos, 1912.
Jerman y Aida Brügmann en el centro de Santiago. Archivo Patrimonial Brügmann.

Vecino de Prá, en Estado esquina Huérfanos, se ubicó el gran edificio de la Casa Francesa. Ésta conocida tienda había sido fundada en Valparaíso en 1858 por Heyman Simon, y había elegido el Pasaje Matte para establecer una sucursal en Santiago. El éxito permitió ampliar la tienda, teniendo salida ahora a calle Estado y a fines del siglo XIX, arrienda el edificio que había ocupado Prá, remodelándolo completamente bajo el esquema de los paraísos mercantiles de hierro.
Sus tres niveles ofrecían todo lo necesario para caballeros, mujeres y niños, en departamentos divididos por: Ropa Hecha, Bonetería, Camisería, Sombrerería, Ropa Interior, Lanas, Sederías, Confecciones, Sombreros, Calzado, Taller de Trajes sobre medida para señoras, Paquetería, Perfumerías, Juguetes, Fantasías, Blanco, Maletería, Cigarrillos, Mueblería y Tapicería.
Antiguo edificio de la Casa Francesa en la calle Huérfanos esquina Estado, fundada en 1858. Revista Sucesos 1910.
El nuevo edificio de la Casa Francesa, recién remodelado. Imagen en Álbum del Club de la Unión, 1926. Biblioteca Brügmann.
Publicidad de la Casa Francesa, en Revista Zig Zag 1906.

En la esquina nororiente de Estado y Huérfanos se construyó la sucursal en Chile de la afamada tienda Gath & Chaves, una de las más recordadas de nuestro país. El edificio de concreto y fierro fue encargado a los arquitectos Siegel & Geiger, quienes levantaron un llamativo inmueble de cinco pisos, con grandes vidrieras, marquesinas y una alta cúpula de remate, iluminada por el tintineante brillo de las ampolletas eléctricas. La tienda se inauguró el 5 de septiembre de 1910, en plena efervescencia por las celebraciones del Centenario Nacional, la prensa local relata que “A las 8 de la mañana, cuando los empleados alzaron o trataron de levantar las cortinas de hierro, una multitud femenina se lanzó sobre las puertas en un ímpetu amenazador, e invadió los diversos pisos del edificio en tal forma, que hubo de venir la policía para impedir accidentes; y permitir sólo la entrada de grupos discretos a medida que salían los compradores que no se cansaban de manipular objetos y de indagar precios”. El Mercurio, 5 septiembre 1910. 
Publicidad de Gath & Chaves, en revista Familia 1910.
Las más surtidas mercancías importadas se alojaban en los primeros niveles, mezclándose con los objetos de arte y fantasía que custodiaban la gran escalinata central que conducía a los pisos superiores, a los que se podía acceder también por cuatro grandes ascensores. El segundo nivel estaba dedicado a los caballeros y niños, ofreciendo las últimas novedades en moda, juguetes, artículos de viaje y calzado. El tercer piso era el rincón femenino, donde las señoras, niñas e infantes tenían un elegante espacio finamente acondicionado para ver las novedosas confecciones que la casa importaba de Europa, y un sinfín de artículos y accesorios que eran todo un deleite para la clientela. El cuarto nivel era ocupado por las secciones de menaje de casa, muebles y tapicería. En 1921, la tienda inaugura un elegante Tea Room que se convirtió rápidamente en uno de los sitios más concurridos de Santiago. La conversación era amenizada por la orquesta de Armando Carvajal, el primer violinista de la  Ópera de Santiago. Un año más tarde, las animadas reuniones  adquieren características de baile, cuando se comienzan a poner de moda los “tées danzantes”, donde los más jóvenes podían estrenar los nuevos pasos del fox trot o el charleston  bajo la atenta mirada del profesor Valero, reconocido bailarín nacional. El brillo de Gath & Chaves siguió acaparando portadas y acogiendo a miles de clientes hasta 1952, cuando a raíz de una huelga de empleados que se extendió semanas, la firma decide cerrar su sucursal en Chile. Unos pocos años después el edificio es demolido totalmente para dar paso a la Galería España.
Escalera Central de la Tienda Gath & Chaves de Santiago. En revista Zig Zag, 1912.
Los  maniquies de la Tienda Gath & Chaves fueron toda una novedad desde su apertura.En revista Zig Zag, 1912.
Edificio de la Tienda Gath & Chaves, demolido en la década de 1950. Fotografía en Álbum Vistas de Santiago, 1915.
Avisos publicitarios de las liquidaciones de Gath & Chaves. 1918

A la creación de estos almacenes comerciales, se sumó otra tipología de grandes inmuebles que concentraban en su planta baja locales comerciales, y en los altos distribuían ingeniosamente espacios que servían para oficinas, clubes, hoteles e incluso viviendas particulares.
Un ejemplo es el edificio que ordenó construir Arturo Lyon en la esquina de Ahumada con Moneda  en 1905. Contrató a la firma de arquitectos Siegel & Geiger, quienes idearon un pretencioso edificio neoclásico francés, con gruesas pilastras corintias, balcones de fierro y una esquina ochavada coronada por una grandiosa cúpula.  En los bajos funcionó la Casa de Pianos y Almacén de Música Doggenweiller, la Casa Grimm y Kern y la mueblería de Elliot Rourke, que ofrecía modernos conjuntos para oficinas en roble americano y tapiz marroquí. En los altos, los departamentos fueron ocupados por el elegante Hotel Albion, propiedad de Jorge Clerc. Desafortunadamente, no alcanzamos a conocer el edificio Lyon, porque fue demolido en 1983.
Edificio Lyon en la esquina de Ahumada con Moneda, demolido en 1983. En: Libro Internacional Sudamericano. 1914. Biblioteca Brügmann.
Aspecto del local de T. Elliot Rourke & Cía, importadores de muebles y objetos decorativos, en los altos del edificio Lyon. Publicidad en la revista Zig Zag, 1916.
Como una mujer moderna era catalogada Rebeca Olivos de Gutiérrez, quien pasea orgullosa por la calle Ahumada con unos novedosos pantalones tres cuartos. La acompañan sus hijas Rebeca y Adriana. Fotografía gentileza de Camila Astaburuaga Peña.
La mueblería Casa Bresciani, y otras tantas; dieron paso a inicios de la década de 1940, a la Mueblería Paris, que comenzó tímidamente en la Alameda, y se convirtió en una de las más importantes tiendas de nuestro país en el siglo XX.  
La Alameda de las Delicias contó también con muy buenos exponentes de ésta pretenciosa arquitectura, aunque hoy son muy pocos los que existen. En la esquina de Alameda con Vicuña Mackenna se construyó un pintoresco edificio neoclásico de tres pisos, bajo los planos del francés Emile Doyére. En los bajos se ubicaron locales comerciales como el Almacén Bonzi, La Montañesa, La Santiaguina y las boticas La Salud y América. Los altos fueron ocupados por departamentos familiares, donde vivió el conde alemán Johaness Von Welczeck casado con la chilena Rebeca Balmaceda Fontecilla; también el escritor Raúl Silva Castro y el candidato presidencial en 1925, José Santos Salas.
El edificio pertenecía a Emilio Alemparte e Ismael Valdés Vergara, pero fue conocido popularmente como Portal Nieto. A inicios de los ’60, la remodelación San Borja nos arrebató éste emblemático inmueble.
La antigua Plaza Italia, y el extenso edificio Nieto, en la esquina de Alameda de las Delicias y Vicuña Mackenna.
Elena Ureta de Palacios y su hija Inés Palacios de Barros, en Santiago- Marta García Rengifo de Arrieta, con su familia paseando por el centro en la década de 1940. Archivo Patrimonial Brügmann.

Más al poniente, en la esquina de Alameda y Estado, el palacio gótico de la familia Undurraga resguardaba en sus bajos la exclusiva sombrerería La Signese, mientras que el primer nivel del palacio de Juan Francisco Rivas en la esquina de San Martín, albergó la popular Ferretería Montero. En el exclusivo barrio Dieciocho, el palacete de Eduardo Iñiguez (más información en: http://www.brugmannrestauradores.blogspot.com/2013/04/incendio-en-el-palacio-iniguez.html), cobijó en los bajos el Emporio Inglés, el Teatro Dieciocho y el famoso Café Torres, que aun existe. Y en pleno barrio Ejército, el Portal Granello ubicado en la Alameda n°2100 surtía de los más variados productos a los vecinos, bajo una elegante galería de fierro y cubierta vidriada que desapareció a inicios de los ’80.


Alameda esquina Estado, a la izquierda el palacio Undurraga que en sus bajos albergaba la Sombrerería La Signese. Archivo Fotográfico del Ministerio de Obras Públicas. Coloreada por Brügmann.
Luis Galleguillos Ordoñez en el centro de Santiago. Archivo Patrimonial Brügmann.
La esquina Alameda con Ahumada, a inicios del siglo XX. Color: Brügmann.

Las cercanías de la Estación Central fueron engalanadas con un espléndido edificio comercial que daba una digna bienvenida a los extranjeros que visitaban la capital. Había sido construido en 1901 por el arquitecto Carlos Barroihet, a petición de doña María Luisa Mac Clure de Edwards.
Ubicado en la acera sur de la Alameda, entre las calles Unión Latinoamericana y Bascuñán Guerrero, el famoso Portal Edwards distribuía sus arcadas y pabellones neoclásicos que albergaron el conocido Café Río de Janeiro, la Joyería Ghiringheli, la tienda La Conversión de Ruidíaz Hnos., el Almacén Sordo, la Caja de Ahorros y la Mercería de Manuel Matas. También el Hotel Royal, propiedad de José Behwr, en cuyos departamentos se escondió en 1909, el famoso estafador  José Luna, haciéndose pasar por el sobrino de un senador. 
El patio del Portal Edwards fue ocupado por el Teatro Politeama, propiedad de Aurelio Valenzuela Basterrica, quien además era dueño de los teatros Septiembre, Brasil y construiría el primer cine sonoro, el Teatro Carrera.
En su restaurant se reunía la juventud galante en espera de la representación de obras cómicas y livianas, que animaban cuatro noches seguidas en la semana. “Fue el punto de cita de las damas alegres y de los elegantes de nuestra jeunesse dorée. Del Politeama han salido miles de parejas felices a cenar después de la función y otras a principiar una orgía de consecuencias en alguna casa de divertimento público. Cada vez que una dama del demi monde tiene que verse con alguien y se le pide sitio y hora, da como sitio el Politeama y como hora la segunda tanda de la noche, que es la más concurrida siempre”, comentará el historiador Eugenio Pereira Salas.
El Portal Edwards soportó digno los embates del tiempo hasta el terremoto de 1985, que lo dejó muy dañado. Para evitar su demolición fue declarado Monumento Nacional, pero como estamos en Chile, esto no pareció importarle a nadie, y fue demolido en 1987.
El extenso edificio del Portal Edwards, entre las calles Unión Latinoamericana y Bascuñán Guerrero. Imagen en Álbum Vistas de Santiago, 1915. 
Fachada del Teatro Politeama al interior del Portal Edwards. En Album de Santiago y Vistas de Chile, 1915.- El Casino del Portal Edwards, tenía una sección de confitería y pastelería, un salón para señoras, sala de billar y un bar, que era frecuentado por la juventud de la época. Revista Sucesos, 1905.
Los daños provocados por el terremoto de 1985, sumado a una nula voluntad de conservación patrimonial, causaron la demolición del portal Edwards, que fue reemplazado por uno de los edificios más horribles y poco estéticos de todo Santiago. 

El comercio en Santiago continuó una progresiva expansión y renovación. En 1929 los arquitectos Sergio Larraín y Jorge Arteaga construyen en la esquina sur poniente de Estado y Huérfanos, un edificio de corte modernista para albergar la tienda del comerciante alemán R. Oberpaur. Esta tipología se ajustaba perfectamente a los planteamientos urbanos que imponía Karl Brunner, quien además de levantar sobrios edificios en altura, proyectó una extensa red de galerías comerciales cubiertas que recorrerían casi ininterrumpidamente todo el centro de la capital. Fueron en su momento las herederas del refinado comercio santiaguino, pero hoy lamentablemente yacen derruidas en el más absoluto silencio.
Los nuevos edificios funcionales no carecían de lujo y admiración, en la esquina sur poniente de la Plaza de Armas, se levantó la elegante Tienda Los Gobelinos, propiedad de don Severiano García Carró, y que es recordada por nuestras madres como la más elegante casa de novedades que hubo en Santiago. Seguían “A la ville de Nice”, Flaño, Bercovich, modas Imperio y Stephany de Otto Hermanos. Ahora las llamativas vitrinas eran mucho más sofisticadas, la calle Ahumada era todo un espectáculo en el mes de diciembre, y los escaparatistas hacían sus mejores esfuerzos por crear la mejor fantasía que fuera comentario entre todos los santiaguinos. A las brillantes ampolleta, se sumó además otro tipo de producto, los electrodomésticos, que fueron ganando terreno a medida que la década de 1930 se fue desarrollando.


La multitud diaria en la esquina de Ahumada y Compañía. Archivo Fotográfico de Chilectra.
La calle Bandera en la década de 1930. Revista Life
La Casa Raab, Rochette, Roca & Co., fue una de las primeras tiendas especializadas en electrodomésticos. 1926- Dependientas ofreciendo modernos electrodomésticos. Archivo Fotográfico de Chilectra.
Tranvías eléctricos, buses y la multitud diaria de la esquina de Compañía y Ahumada, a la derecha la popular tienda Los Gobelinos. Archivo Fotográfico de Chilectra.
Vitrina que publicita modernas planchas eléctricas. Archivo Fotográfico de Chilectra.
Vitrina que publicita  estufas, vestiladores y radios eléctricas. Archivo Fotográfico de Chilectra.
Vitrina navideña que publicita una moderna cocina, y radiadores eléctricos.  Archivo Fotográfico de Chilectra.
El edificio Oberpaur y la vitrina de la tienda Los Gobelinos, siendo apreciada por los transeúntes. 
La calle Ahumada en la década de 1960. Revista Life.

Sin embargo, parece ser que el destino del comercio santiaguino está condenado a desaparecer en apenas cincuenta años… Nuestros abuelos en su momento lloraron la pérdida de los viejos portales, y nuestras madres añoran con nostalgia las vitrinas de la calle Ahumada. Algunas tías o primas, miran con espanto en lo que se convirtieron los modernos caracoles de Providencia o Ñuñoa; y nosotros mismos hemos presenciado como los strip center y malls, han hecho trizas nuestras más queridas visiones de infancia y juventud.
¿Qué podemos hacer al respecto? Parece que no mucho, porque los intereses económicos y la supremacía de una clase política ignorante y ambiciosa, tira  por la borda cualquier tipo de preocupación sobre la memoria histórica nacional…
Algunos dirán que también es culpa de los mismos ciudadanos, mientras que otros centrarán los problemas en la educación… unos cuantos dirán que no hay que llorar sobre la leche derramada y unos pocos como nosotros, aun ven los efímeros recuerdos de ese esplendoroso pasado, deambulando como fantasmas  en las bulliciosas calles de Santiago…
Centro de Santiago en la década de 1970. Revista Life

Mario Rojas Torrejón
Fernando Imas Brügmann

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Bibliografía y fuentes consultadas:

Dussaillant, J. Las Reinas de Estado. Ediciones UC. 2011
La Republique du Chili. Leipzig. 1903
Luces de Modernidad, Archivo fotográfico de Chilectra. Editado por Gerencia Corporativa de comunicación Enersis. 2001
Márquez, A. Libro Internacional Sudamericano. 1914. 
Pradenas, L. Teatro en Chile: Huellas y trayectorias, siglos XVI-XX. LOM ediciones. 2006
Orrego, L. Memorias del Tiempo Viejo. Ediciones Universidad de Chile. 1984
Yañez, F. Visiones de Infancia. 1960

Álbum del Club de la Unión, 1926.
Álbum de los Clubes Privados de Chile, 1929.
Álbum Chile a la vista, 1895.
Álbum Santiago a la vista, 1915.
Anuario Prado Martínez. 1901.

Diario La República, junio 22 de 1877
Diario El Museo, diciembre 1853.
Diario La República, junio 22 de 1877
Diario El Mercurio, septiembre 5 de 1910.

Revista Sucesos, tomo anual 1916.
Revista Sucesos, tomo anual 1905.
Revista Sucesos, tomo anual 1904.
Revista Sucesos, tomo anual 1917.
Revista Sucesos, tomo anual 1912.
Revista Sucesos, tomo anual 1913.
Revista Pacifico Magazine, tomo anual 1917.
Revista Zig Zag, tomo anual 1906.
Revista Zig Zag, tomo anual 1912.
Revista Zig Zag, tomo anual 1908.
Revista Zig Zag, tomo anual 1907.
Revista Zig Zag, tomo anual 1921.
Revista La Familia, tomo anual 1917.
Revista La Familia, tomo anual 1922.
Revista La Familia, tomo anual 1923.
Revista La Ilustración, tomo 1899.
Revista La Ilustración, tomo 1905.
Revista La Ilustración, 1904.
Revista La Lira Chilena, 1904.
Revista La Lira Chilena, 1906.
Revista Negro y Blanco, 1912.

6 comentarios:

bluevalentina dijo...

Que buenas imágenes recolectaste.
Está muy bonito el artículo.

Saludos.

V.

Anónimo dijo...

excelentes historias! llegué x casualidad y me quedé pegado con las fotos y la crónica

un abrazo

Natalia rubilar dijo...

Me conmueve estas historias donde veo a santiago con mas esplendor y elegancia es verdad que ya no queda mucho qur recuperar pero aun podemos defenderlo!

Natalia rubilar dijo...

Me conmueve estas historias donde veo a santiago con mas esplendor y elegancia es verdad que ya no queda mucho qur recuperar pero aun podemos defenderlo!

R.Rojas dijo...

Espléndido reportaje, nuevamente ; cabe comentar, en todo caso, que Krauss hnos. no fue propietaria de la esquina de Puente con Catedral, sino su arrendataria; el inmueble perteneció a Seguros La Nacional,desde c.1898 hasta ¡1973! (según Conservador de Bs.Raices).

andrea fernandez dijo...

Los felicito.Hacen un exelente trabajo.Gracias por compartir fotos y la historia.Me encanta el pasado,los palacios,saber como era santiago y gracias al trabajo que hacen ustedes he aprendido mucho.