domingo, septiembre 11

EL PALAZZO MAINO SCHIAVETTI


 
Sus curiosa arquitectura con almenas medievales, faroles, escaleras y mosaicos italianos, permaneció muy poco tiempo en la Avenida Vicuña Mackenna; teniendo una vida casi tan efímera como la del arquitecto que la diseñó. Esta fantasía de la lejana Liguria fue el hogar de un conocido empresario de origen italiano, un versátil y visionario personaje cuyos emprendimientos empresariales ejercieron notable influencia en el ambiente comercial chileno de principios del siglo XX. Acompáñennos a rememorar la historia del recordado Palazzo Maino, y descubramos juntos un hito arquitectónico de Santiago, que bien podría haberse conservado para colmar nuestras mentes de fantasía y diseño...






En los primeros años de la década de 1870, se iniciaron una serie de profundas transformaciones que pretendían convertir a la capital de Chile en una urbe moderna. El artífice de este plan maestro era el Intendente Benjamín Vicuña Mackenna.  Además de la canalización del río Mapocho, el adoquinado de calles, la finalización del Mercado Central, la edificación de viviendas obreras y la creación del Parque Cerro Santa Lucía; el Intendente contempló la construcción del Camino de la Cintura: un extenso corredor vial que rodearía Santiago por sus cuatro costados y cuya principal misión sería delimitar el área administrativa urbana y rural, privilegiar el uso residencial, alejar las industrias del núcleo urbano y mejorar la accesibilidad de los habitantes.

Desafortunadamente, el alto costo de las expropiaciones junto con pleitos legales con algunos de los propietarios, impidió que la totalidad del Camino de la Cintura se realizara, lográndose construir tan sólo el tramo sur –que comprendía las actuales avenidas Matta y Blanco Encalada-, y el tramo Oriente, hoy Avenida Vicuña Mackenna, entre Diez de Julio Huamachuco y la Plaza Baquedano.

El loteo de las chacras próximas a la Avenida Oriente, atrajo a numerosos vecinos que deseaban cambiar el bullicio de la capital por la tranquilidad campestre de este nuevo barrio. Uno de los primeros en llegar fue el propio Benjamín Vicuña M., quien edificó una cómoda vivienda de la que sólo se conserva hoy el mítico pabellón de madera que todos hemos visto en el museo que lleva su nombre. Siguiendo sus pasos también se cambia al barrio don Pedro Crespo, un amante de la jardinería, y el político e historiador Isidoro Errázuriz construye su casa quinta muy próximo a la Alameda. A principios del siglo XX la calle es famosa por sus pintorescos chalets, en ellos viven la familia del ingeniero Alejandro Bertrand Huillard, la del abogado Adolfo Guerrero Vergara (Hoy, Museo Violeta Parra), el alcalde de Santiago don Ismael Valdés Vergara, el cartógrafo e ingeniero Luis Risopatrón, el comerciante Julio Hudson y el rentista Julio Nieto, quien construye bajo los planos de Alberto Siegel, el famoso palacio que el gobierno chileno regalará a la nación Argentina, escenario de uno de los más bochornosos sucesos durante nuestro Centenario, el que puedes conocer acá.
El palacio de la familia Nieto, construido por el arquitecto Alberto Siegel, pasó más tarde a manos de la República Argentina. Este edificio permaneció en pie hasta la década de 1950, cuando un incendio lo destruyó, siendo reemplazado por el actual inmueble de la Embajada Argentina. Fotografía Archivo Patrimonial Brügmann.
La Casa de la familia Schneider Hernández, hoy facultad de la Universidad Pedro de Valdivia, es uno de los últimos exponentes de las antiguas casas quintas de las primeras cuadras de Avenida Vicuña mackenna. Fotografía Fernando Imas, 2015.Archivo Patrimonial Brügmann.
En 1917, Leandro Oggers pone en venta una propiedad en la esquina de avenida Vicuña Mackenna con Marcoleta (1). Es adquirida en ochenta mil pesos de la época, por el industrial italiano Bernardo Maino Tavolara, quien había llegado a nuestro país en 1896 desde la ciudad de Santa Marguerithe Ligure, al norte de Italia, donde su familia tenia una larga tradición en el comercio de alfombras persas traídas desde Oriente (2).

Maino se establece por un tiempo en la propiedad comercial de Nicolás Granello en la Alameda, donde se relaciona con el negocio local, para luego emprender sus propios desafíos. Se convierte en importador y monta junto a sus hermanos una fábrica de velas a parafina en Providencia; más tarde será también propietario de una factoría de hilado de lana, de “Maino y Orlandini” especializada en tejidos; de un taller de gomas, una fábrica de candados; una fábrica de fósforos llamada “Maino, Morelli y Marchi”; y de la Tabacalera Nacional, fábrica de cigarrillos que durará hasta 1909, cuando es anexada a la British American Tobacco Chile
Bernardo Maino Tavolara (1875-1941).


Bernardo Maino se convirtió muy pronto en uno de los más reconocidos comerciantes de la capital, el libro Impresiones de la República de Chile lo recuerda de esta forma: "El señor Maino mantiene relaciones comerciales con firmas europeas de primer orden cuyos nombres, como el suyo, son sinónimos de seriedad e integridad mercantil...es muy conocido y apreciado entre los comerciantes de la ciudad por sus excelentes dotes de carácter e inteligencia". Siempre adelantándose un paso a los tiempos, con ojo experto previó que la electricidad sería el combustible del futuro, y construyó donde hoy están las Torres de Tajamar, un complejo eléctrico que se nutría de las aguas del Mapocho, ideado para dotar de energía a las nuevas urbanizaciones de la comuna de Providencia.

Siguiendo esta misma inquietud, decide comprar en 1938  la Industria Carbonífera de Lebu, que en ese momento estaba en quiebra. Pretende modernizarla, ampliar su producción y por sobretodo dar un sustento a los cientos de empleados que vivían bajo el alero de esta tambaleante industria. Dona terrenos para construir habitaciones dignas, también hace donativos al hospital y otras instituciones; otorga préstamos a los obreros sin intereses, para que pudieran mantener a sus familias. Paralelamente organiza junto a la CORFO dos sociedades, la Compañía Agrícola Victoria de Lebu y la Compañía Carbonífera Victoria de Lebu. Desafortunadamente el señor Maino no logró ver finalizados sus sueños en esta empresa, pues la muerte lo sorprendió en 1941.



María Teresa Schiavetti Astorga.
Bernardo Maino se había casado con Maria Teresa Schiavetti Astorga, hija de Antonio Schiavetti, uno de los más prominentes miembros de la colonia Italiana y fundador de una de las casas comerciales e industriales más productivas de Chile. El matrimonio tiene tres hijos: Sergio, Renato y César, muerto a corta edad. En 1917 los Maino Schiavetti deciden establecerse en la avenida Vicuña Mackenna, y encomiendan una moderna residencia al arquitecto Angelo Tessada Frascara, joven titulado en la Universidad de Chile y miembro del Instituto de Ingenieros, muerto prematuramente en 1931.

Para el diseño, el profesional se inspiró tal vez en las viejas construcciones que el señor Maino había dejado atrás en la lejana Liguria, región de viejos castillos, donde predominan los arcos esbeltos, las altas torres, pequeñas ventanas, las almenas medievales, los frescos en la fachada y las amplias terrazas. Caso icónico es el Castello il Refugio o algunas villas en Santa Marguerithe Ligure. Por supuesto el arquitecto no se limitó a imitar estas anticuadas formas, sino que las reinterpretó fusionándolas con los nuevos parámetros estéticos, los adelantos técnicos y las comodidades propias de la vida moderna. El resultado fue una vivienda de 1630 m2 construidos, de cuatro niveles más subterráneo, coronada por una amplia terraza, almenas medievales, miradores con faroles de fierro forjado y una artística escalera exterior que permitía llegar a la torre. Los elementos que más llamaban la atención del transeúnte, eran una serie de mosaicos dispuestos sobre los balcones del segundo piso, representando a pintores renacentistas. Estas piezas ornamentales habían sido diseñadas por Edith Walker, la mujer de Alexander Bredé, el Gerente de la Compañía Eléctrica en esa época. 

A la casa se ingresaba por una amplia escalera de mármol de carrara. Tras la puerta principal se abría un luminoso hall con cielo abovedado, pilares y un vitreaux diseñado por el artista Aristodemo Lattanzi dispuesto en la caja de la escalera. Sorprendente era el mobiliario de la sala, en estilo románico, realizado por el ebanista italiano Giacomo Nuttini; donde las tallas de león eran protagonistas. Destacaba una especie de sarcófago tallado con escenas medievales, y un escaño con escenas de caza, que actualmente se ubica en la casa del Parque Arrieta en Peñalolén. La decoración de la sala era complementada por faroles colgantes y esculturas de Cigna (3).

Hall de la casa Maino Schiavetti, con sus muebles tallados en estilo románico y su impresionante vitreaux del artista Aristodemo Lattanzi. Fotografía c. 1945, gentileza familia Maino Prado.
Escaño de madera tallado que perteneció al palacio Maino, y que hoy se encuentra en la Casa Arrieta de Peñalolén. Fotografía Fernando Imas, 2012. Archivo Patrimonial Brügmann.


Como toda gran vivienda de la época, concentró en la planta noble los espacios de carácter social, distribuidos inteligentemente para poder acoger a los visitantes, en una perfecta armonía entre funcionalidad y lujo. Desde el corredor de acceso, se podía ingresar a una pequeña guardarropía y al Escritorio del señor Maino, decorado en estilo Imperio; donde el elemento más llamativo era una banda de águilas que ornamentaban los muros. Era ideal este sitio muy próximo a la puerta de entrada, pues podía recibir a sus amistades o contactos comerciales de forma fluída, y sin entorpecer el ambiente íntimo de los ocupantes de la casa. Además de la ornamentación, el escritorio tenía numerosos muebles de estilo Imperio, sillones de terciopelo, una escultura sobre un plinto de mármol y una exótica alfombra de leopardo.

Muy próximo se ubicó el Comedor Principal: sala rectangular con molduras en los muros, en cuyo centro se encontraba una mesa extensible con capacidad para doce personas. Llamaban la atención los fantásticos trinches tallados importados desde Francia, una lámpara de cristal, un servicio de té y diversos utensilios de plata, además de tapicerías francesas colgadas. Esta sala tenía salida hacia una terraza semicircular, donde se podía apreciar el laborioso trabajo de la fachada sur, con sus delicadas pinturas murales y azulejos. Desde este lugar se tenía acceso también al Comedor de Diario, a la Cocina, al Repostero, el moderno ascensor y la escalera de servicio.
Pero era el Salón Luis XV el que seguramente acaparó las miradas en esta mansión, pues su delicado tratamiento ornamental realzado por columnas jónicas, fue el sitio ideal para recibir a los invitados, que podían apreciar las hermosas tapicerías de Aubusson, las lámparas de cristal de Baccarat, el juego de salón estilo Luis XV y modernistas jarrones de mayólica. Fue este lugar escenario seguramente de algunas de las reuniones con que la colonia italiana conmemoró alguna fecha relevante, o simplemente recordaba la lejana patria, cuando el señor Maino era el Presidente del Club Italiano de Santiago, cargo que más tarde tuvo que abandonar por sus ideas contrarias al gobierno de Mussolini.
Aspecto del Comedor del palacio Maino Schiavetti. Fotografía c. 1945, gentileza familia Maino Prado.
Terraza del Comedor del palacio Maino Schiavetti, en la fachada sur. Fotografía c. 1945, gentileza familia Maino Prado.
Gran Salón del palacio Maino Schiavetti. Fotografía c. 1945, gentileza familia Maino Prado.
El segundo nivel estaba destinado a la familia: se organizaba en torno a un vestíbulo de estilo románico con chimenea, decorado por dos óleos de Julio Fossa Calderón adosados, jarrones orientales, faroles y muebles de madera tallados. Desde él se tenía acceso a un pequeño escritorio para que los niños de la familia pudieran estudiar, también a los cuatro dormitorios de la casa, y a tres modernos baños con pavimento de mármol, completamente equipados, lo que significaba un enorme avance en la época en cuanto a comodidad y adelantos técnicos.
El palacio tenía además una planta semisubterránea, un piso zócalo donde se ubicó una Sala de Billar, un completo Gimnasio equipado, una extensa bodega y la Sala de Caldera, que proveía de calefacción central a todo el edificio. 
Desde la escalera principal se podía entrar a un entrepiso, donde se ubicaron tres dormitorios y un baño destinado al personal femenino; mientras que en el patio, sobre el garaje se desarrollaba un departamento para el personal masculino, compuesto por tres dormitorios, un baño y vestíbulo. Mención merecen los automóviles de la familia, sumamente lujosos, que fueron pedidos por el gobierno chileno para transportar al Príncipe de Piamonte, cuando visitó nuestro país en 1924.

La ya sorprendente distribución de la casa se complementaba con la presencia de una extensa terraza sobre la cubierta del edificio, desde donde se podía acceder a un mirador aún más alto, a través de una escalera exterior que llegaba a una especie de torre medieval, con una vista privilegiada de todo Santiago.
Vestíbulo del segundo nivel del palacio Maino Schiavetti, con su chimenea y uno de los óleos del pintor Julio Fossa Calderón. Fotografía c. 1945, gentileza de familia Maino Prado.
Baño principal del palacio Maino Schiavetti, completamente equipado y con todas las comodidades modernas de la época, como la ducha que aparece en la imagen. Fotografía c. 1945, gentileza familia Maino Prado.
Uno de los dormitorios del palacio Maino Schiavetti, con sala de vestir, baño privado y armario, que representa la modernidad y confort que buscó el arquitecto Tessara para el diseño del inmueble. Fotografía c. 1945, gentileza familia Maino Prado.
Terraza central del palacio Maino Schiavetti, desde donde se tenía una vista privilegiada de Santiago. Al fondo se ve el Cerro Santa Lucía y los famosos Edificios Turri, frente a la Plaza Baquedano. Fotografía c. 1945, gentileza familia Maino Prado.



Tras la muerte de Bernardo Maino Tavolara, su familia continuó habitando el palacio hasta el año 1954, cuando la sucesión decide venderla a un empresario de Camarico. Sergio Maino Schiavetti, influenciado quizás por la atractiva arquitectura donde creció, se tituló de Arquitecto en la Universidad Católica; mientras que su hermano Renato Esteban Maino Schiavetti se convirtió en un conocido abogado, y dirigió las sociedades en Lebu hasta 1982, no sin contratiempos, pero con el férreo compromiso de mantener el legado de su padre, hoy considerado uno de los mayores benefactores de esta localidad del sur de Chile. 
Los Maino, siguiendo su versátil y moderno actuar empresarial, legaron a Santiago otro edificio de enorme relevancia, se trata del inmueble de Maino Hnos. en la calle Teatinos, entre Rosas y San Pablo, concebido como un establecimiento comercial y de renta, diseñado por el destacado arquitecto Leonello Bottacci, considerado como el primer edificio que rompe el eclecticismo imperante en la arquitectura chilena, para dar paso a la modernidad. Hoy está en desuso, pero sigue conservando su impronta con llamativos guiños art deco.
En 1960 el destino del palacio Maino, esa joya arquitectónica ecléctica que rememoraba la vieja Liguria en plena Avenida Vicuña Mackenna, queda sentenciado. Sus propietarios dedicen venderlo, y sin mediar el peso decorativo de su presencia, optan por demolerlo y reemplazarlo por un edificio de renta de cuatro niveles, sin belleza alguna. 

Edificio de Maino Hnos., en la calle Teatinos. Fotografía en Revista de Arquitectura de la Universidad Católica de Chile, 1930.


El Palazzo Maino Schiavetti no estuvo muchos años en la Avenida Vicuña Mackenna, pero su impronta significó un complemento a la antigua fisonomía de esta importante calle de Santiago. No fue menor tampoco que representara una de las pocas obras de un olvidado arquitecto, Angelo Tessara, quien parece estar condenado al anonimato por una ciudad que se alimenta de sí misma, sus últimas obras conocidas en la calle Santa Beatriz fueron demolidas hace poco. Su imagen también es el recuerdo de uno de los más prominentes personajes de principios del siglo XX, un italiano que hizo de Chile su hogar, y que con cuya notable labor empresarial, contribuyó enormemente al desarrollo de diversos sectores de nuestro país.

La curiosa silueta de este palazzo santiaguino está aun presente en las mentes de nuestros padres y abuelos, nadie quedó ajeno a su torre coronada por almenas medievales, sus sombríos faroles, la belleza de sus mosaicos y esa escalera exterior que a más de un niño llenó de cuentos y fantasías. Hoy en una ciudad cada vez más carente de estética y rincones patrimoniales, se hace necesario recordar la presencia de estos olvidados inmuebles, como parte importante de nuestra memoria e historia reciente.
Agradecemos a Jorge Maino Prado por su generosidad al compartir las imágenes que complementan este artículo, y especialmente a su padre, Renato Maino, por atesorar visionariamente sus más profundos recuerdos con tinta y papel; sin duda alguna, un invaluable legado para las nuevas generaciones.


Autores
Mario Rojas Torrejón
Fernando Imas Brügmann
Brügmann, 2016 C

Este es sólo un extracto de nuestra investigación, si tienes más información de la casa, te gustaría aportar con imágenes o algún antecedente nuevo, no dudes en escribir a contacto@brugmann.cl; y así contribuirás junto a nosotros al rescate de la memoria patrimonial de todos los chilenos.




2016. Prohibida su reproducción total o parcial.
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(1) Hoy la calle Marcoleta próxima a la Avenida Vicuña Mackenna, tiene el nombre de Baron Pierre de Coubertin.
(2) Información compartida por Valeria Maino Prado, en el sitio web www.italianosenchile.cl
(3) Datos del palacio Maino registrados por Renato Maino Schiavetti en un texto proporcionado por su hijo, Jorge Maino Prado.

Bibliografía:
-Impresiones de la República de Chile en el siglo veinte: historia, gente, comercio, industria y riqueza. 1915
-Wehner Venegas, Leslie Erhard. Benjamín Vicuña Mackenna : génesis de la transformación de Santiago . 
-Chile. Intendencia de la Provincia de SantiagoVicuña Mackenna, Benjamín. La transformación de Santiago: notas e indicaciones respetuosamente sometidas a la Ilustre Municipalidad, al Supremo Gobierno y al Congreso Nacional .
-Album de los Clubes Privados de Chile. Imprenta Universo, 1929.